Por Félix Cortés Camarillo

Por diversas sugerencias y especialmente porque en la televisión mexicana abierta no hay nada digno de visión si no es el partidazo del Roland Garros ayer en la tarde entre Thiem y Schwartzman, y comencé a ver anoche en Netflix una serie que se llama Borgen, que ya tiene diez años de hecha y que es de origen danés. Y que la recomiendo ampliamente.

La trama no tiene nada de original: se trata de la porquería que se esconde detrás de los mecanismos del poder y de la política, incluyendo desde luego, los chantajes, alianzas sucias, puterías y -si llego al capítulo tres- muy probablemente asesinatos.

Lo que me sorprende es que esta estructura dramática haya sido creada y se desenvuelva en Dinamarca; país que todos nosotros hemos considerado como uno de los ejemplos universales de justicia social, equidad y sobre todo incorruptibilidad. Me consta personalmente en persona los beneficios que la seguridad social brinda en los países escandinavos a sus habitantes.

Por ello es sorprendente la serie televisiva Borgen.

Resulta que en la Dinamarca de nuestro tiempo las cosas están tan podridas como decía Hamlet en el siglo XVII. Existen amenazas, amasiatos por motivaciones políticas, filtraciones de secretos de Estado, manipulaciones, manejo de periodistas y lo que me falta de ver.

Todavía me faltan capítulos, si se animan los productores, a una etapa siguiente. A lo que se ve, los corruptos daneses dan todavía mucho paño para cortar. Haz de cuenta los de casa.

Vino a mi memoria, sin accidente claro, que entre los muchos desatinos del presidente López se encuentra la peregrina idea de que nuestro sistema de salud se igualará durante su mandato a los de los países escandinavos que por definición son Suecia, Noruega y Dinamarca -por sus lenguas- y se añade Finlandia por sus afinidades culturales y políticas.

Nuevamente, me consta que el sistema de asistencia médica en Escandinavia es excelente, gratuita y placentera. Pero, a la vista de la serie televisiva Borgen, de cuyo sustento documental no tengo duda, me queda claro que los corruptos en el mundo somos todos; sólo hay que cambiarnos la tarifa y la bandera. Yo le sugiero a los políticos mexicanos que vean en NETFLIX Borgen.

Van a aprender mucho.

PREGUNTA para la mañanera porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, Señor Presidente, Y el hermano Pío, ¿ya se le olvidó?

felixcortescama@gmail.com