Por: Obed Campos

…cargan con nuestros dioses
Y nuestro idioma, con nuestros rencores
Y nuestro porvenir, por eso nos parece que son de goma
Y que les bastan nuestros cuentos para dormir…
Joan Manuel Serrat. Esos Locos Bajitos

Max tiene apenas seis años y ya es víctima, digamos accidental, de los nefastos resultados de la pandemia. Uno se imagina que un niño de esa edad, hijo de padres acomedidos no tiene razón de sufrir, pero hay que ver el fondo del asunto.

Un día, de estos 200 días que llevamos en el encierro, se le plantó con lágrimas en la cara a su mamá y le dijo que ya no quería estar encerrado. Que quería volver a la escuela a ver a sus compañeros.

El estrés al que estamos sometiendo a los más pequeños me parece que no lo estamos midiendo. A fuerza de miedo los encerramos a piedra y lodo para que no les de ni el aire y eso, además de antinatural, no acarreará nada bueno para esta generación.

En San Pedro, donde vive Max, los padres de familia se organizaron para que en grupos de no más de siete niños se les siguieran dando las clases presenciales en casas particulares, que los mismos paterfamilias pusieron a disposición de los colegios.

A algún burócrata la medida no le pareció y prohibieron (y en algunos casos clausuraron) este tipo de “reuniones”, las cuales se llevaban a cabo bajo las más estrictas medidas sanitarias.

En mi casa tenemos a Jacob, que a finales de este mes cumple 10 años. 

Lo que yo veo es que Jacob, quien no porque sea mi hijo pero es muy aplicado, sí aprende en las clases por televisión, las cuales, francamente disfrutamos toda la familia, pero…

Sé que muchos me van querer quemar en leña verde pero, sin ser experto en educación yo creo que los niños deberían, cuando las circunstancias sanitarias lo permitan, repetir el año.

Pero en lo que se deciden hay que buscar atender la psique de nuestros locos bajitos, antes de que crezcan como locos grandotes.

Recuerde la canción de Joan Manuel, y no hay que creernos que son de goma.

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