Por Waldo Fernández


Finalmente Joe Biden consiguió los 270 votos del colegio electoral para convertirse en el virtual presidente electo de Estados Unidos y apenas logró dicha hazaña y la opinocracia estalló en redes sociales pidiendo que el presidente de México felicitara al candidato demócrata por su triunfo electoral.

Por su parte, López Obrador declaró que prefería esperar a que concluyera de manera legal el proceso electoral.

Ese acto, que en un par de semanas sabremos fue correcto o no, hizo estallar a la opinión informada, a la opinocracia, a los opinólogos de redes sociales cuya simplicidad de juicio llega a ser tan ingenuo que ahora resulta que no felicitar al candidato Joe Biden cuando LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN lo declaran presidente electo es algo que nos va perjudicar.

Todos aquellos que están tan molestos por la supuesta afrenta del presidente al no felicitar al candidato demócrata se olvidan que las relaciones entre países no se basan en protocolos ni reglas de etiqueta, NO, se basan en intereses.

Es como si por el simple hecho de felicitar al candidato demócrata eso va ocasionar que Estados Unidos cambie su política exterior con México. De ese tamaño es la ridiculez que los opinólogos de redes sociales están planteando.

Si esa fuera la lógica, ahora entiendo las consecuencias que hemos sufrimos por no felicitar en el pasado al presidente de Estados Unidos James Folk cuando nos quitaron la mitad del territorio nacional.

O cuando no felicitamos a Roosvelt por firmar el tratado de aguas internacionales qué tan perjudicial es para México.

O cuando tampoco felicitamos al mandatario estadounidense en turno por obligarnos, por ejemplo, a prohibir la venta del cannabis y arrancar con ello la era de la prohibición en México, situación que dio pie a la espiral de violencia que todavía padecemos en la actualidad. Repito, si esa fuera la lógica una felicitación a tiempo habría evitado que durante la administración de Obama hubiera deportaciones récord de mexicanos.

O un ejemplo todavía más claro. Si esa fuera la lógica, la del protocolo y la etiqueta, la invitación y recepción que se le hizo a Donald Trump como CANDIDATO cuando Pena Nieto era presidente le habría traído dividendos al país, cosa que NO ocurrió.
Tantas catástrofes se pudieron haber evitado si como país hubiéramos cumplido con las normas de protocolo y etiqueta con Estados Unidos.

Quienes hoy critican que el presidente de México no haya felicitado al candidato demócrata por un triunfo que su propio sistema electoral todavía no le concede y pronostican el fin de las relaciones diplomáticas entre ambos países debido a ello, no sólo están equivocados sino que están diciendo sandeces.

Dese cuenta de quiénes vienen en su mayoría esos “sesudos análisis” y críticas “ilustradas”. Tenga por seguro que de cualquier forma hubieran criticado a López Obrador si hubiera felicitado a Biden. Ya parece que los leo “Como ya perdió Trump ahora hay que hacerle la barba al candidato demócrata”.

De todos esos opinólogos ilustrados quienes más ternura me dan son los que ingenuamente asumen que cuando Biden sea declarado presidente dejará de llevar relaciones diplomáticas con el gobierno de México y comenzará a llevarlas con alguna figura del PRI o del PAN. Basan este análisis en fotografías antiguas del candidato demócrata con actores de esos partidos y ese es precisamente el error que comenten en su análisis.

Estos opinólogos ilustrados fallan porque “latinizan” su análisis. Pretenden que la cultura anglosajona de la política norteamericana premia igual que la latina las relaciones de amistad y compadrazgo, cosa que no sucede.

Ya verá usted qué una vez que la elección norteamericana la relación entre ambos países seguirá de curso de manera institucional, basada en lo que siempre se ha basado, en los intereses de cada nación.