Por Carlos Chavarría

En una sociedad cuya educación es tan deficiente, con un Estado corrupto y diletante, en el centro de una crisis sin precedente, acaba de aprobarse el uso lúdico, cultivo y distribución  de la mariguana para el gusto de las multitudes.

De un día para otro, ser narco es ahora una ocupación respetable y legal. Veremos cómo el reglamento de la ley recién aprobada asegura la legitimación del imperio de las drogas.

No disponemos de las habilidades e instalaciones para atender los problemas de adicciones y la 4T en un plumazo y “dedazo”, acaban de crear el más  grande problema social que hará estragos en muy poco tiempo.

En una sociedad sin freno, con una juventud que no le teme a nada y piensa poco, se acaba de legalizar el “andar pacheco” todos los días y tener sus matitas de mota cada quien en su casa.

Todo tiene su lado electoral. De acuerdo con la encuesta nacional de adicciones más o menos 10% de la población mexicana, jóvenes en su mayoría, usa mariguana todos los días y ahora ellos estarán muy agradecidos por las nuevas golosinas que López Obrador les acaba de regalar.

Ahora veremos como la raja electoral se saca tratando de convencernos a todos que ahora sí la violencia habrá de acabarse, gracias a que ya no se sostiene la gran mentira del pasado de la lucha contra las drogas, porque siendo esto legal ya no habrá mercado negro ni competencia territorial entre bandas, como si el fenómeno del crimen organizado solo dependiera de la mariguana.

Hablemos de asimetrías. La lucha contra las drogas empezó con Nixon y la ONU llevo a todos los países miembros por el rumbo de la prohibición de las drogas, sin consideración alguna a lo firmado por nuestro país el gobierno metió a México de lleno a un nuevo conflicto que debió considerarse.

La nueva Amsterdam en la que nos convertiremos, sin haber coordinado la medida con el más grande consumidor de mariguana y de todas las drogas en el mundo, meterá a México en serios problemas que lo harán recular en el reglamento respectivo a la materia. Pero el circo ya se hizo.

Pretender regular el mercado de las drogas es una cosa, legalizar su consumo para la  diversión es otra muy diferente. En tanto el país no trate a las adicciones como un problema de salud pública y se destinen los recursos necesarios para ello, se estará facilitando la destrucción de muchas vidas y sus familias, ya no por medios violentos quizás, pero muerte y dolor al fin.

Todos los efectos nefastos de esta acción serán inútiles porque los antisociales que integran el crimen organizado encontrarán la manera de continuar con sus operaciones en total  impunidad.