Por José Jaime Ruiz

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La inconformidad de algunos sectores de Morena en Nuevo León es mínima, elitista e interesada: peligran sus cuotas de poder. En una réplica al periodista Federico Arreola, la diputada federal Tatiana Clouthier escribió: “Yo no soy responsable del tigre que ya despertó y sabe reclamar y luchar por lo que sí quiere y trabajó”.

En la lucha por la candidatura al gobierno de Nuevo León, Tatiana no despertó como tigresa, lo que pasó es que se le durmió el gallo: no supo evaluar lo que ella misma denominó “los tiempos”. Si hay alguien responsable de despertar al “tigre”, es el presidente constitucional Andrés Manuel López Obrador. Eso lo sabe perfectamente Clouthier después de la comida que sostuvo con Andrés Manuel en un hotel cercano al aeropuerto de Monterrey y donde la bajó de la contienda.

Por lo demás, ¿cuál “tigre”? ¿Mario Fernández? ¿Rafael Zarazúa? ¿Bertha Puga? ¿Horacio Flores? ¿Los infiltrados cetemistas? La “gran movilización” que realizaron los inconformes de Morena fue… de cuántos, ¿10 o 15 personas? Para estar atigrados son muy pocos.

Es triste que Tatiana siga supurando por la herida. En una entrevista concedida a Multimedios Radio en Nuevo León, la diputada federal expone:

“Dar por hecho cosas pudiera parecer una ofensa al proceso; entre quienes han levantado la mano hay una preferencia abierta, no de Morena, pero sí públicamente, con respecto a una mujer.

“Hago la referencia cuando Ivonne Álvarez jugó para la gubernatura y que (por el) hecho de ser mujer ya la dan como: esto será una diferencia… a Ivonne le fue pésimo y luego Margarita (Arellanes) gobernó Monterrey y fue un fiasco”.

Más que análisis o reflexión, lo de Tatiana Clouthier es pulsión, pulsión política, electoral. No hay una rebelión en la granja, hay un rejuego de chantajes. A la vuelta de los días, Morena aceptará la candidatura de Clara Luz Flores Carrales. No hay vuelta de hoja. Y el “rugido del tigre despierto” se convertirá en un ronroneo gatuno