Por José Jaime Ruiz

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@ruizjosejaime

“Cuando me está llegando la pelota yo ya sé dónde están mis compañeros y mis rivales, cuando la recibo ya sé el destino de la pelota.” // Diego Armando Maradona

“No hay nada más increíble que los desiertos, en el desierto están todos los colores del rostro humano; todos los colores humanamente imaginables están representados en el desierto; por otro lado, uno ve las rompientes azotándose contra las rocas, es una imagen también de las pasiones humanas: se rompen, se hacen trizas, se hacen pedazos.” // Raúl Zurita

“…la Modernidad no es ni el cumplimiento ni la antítesis del cristianismo, sino su perversión.” // Charles Taylor

“Inmerso aún en su sueño, Ryuji apuró el té tibio. Sabía amargo. La gloria, como todo el mundo sabe, tiene un sabor amargo.” // Yukio Mishima

“Intento penetrar la realidad mexicana para conocer su esencia. Y esa esencia es una espiral infinita donde la vida y la muerte se dan la mano, y no hay principio ni fin porque a nuestros principios los borró la Conquista, nuestras diferentes culturas no lograron proyectarse a las generaciones siguientes sino como un hibridismo…” // José Revueltas

“Te miro, trato de mirarte dentro,

como si me inclinara sobre un abismo.

Me asomo a la baranda y miro

al fondo de tu silencio, mientras lees

a una distancia inalcanzable.

Me gustaría estar contigo allá abajo; en cambio

me quedo clavado en este puente

aterrador y remoto, separado,

atado al vértigo que amo,

si amar es la distancia que nos atrae y

al mismo tiempo el miedo de atravesarla.”

// Valerio Magrelli

Un día, estando en quinto grado en la escuela de la via di Gesú e Maria, durante la clase el maestro dijo: ‘Si vos tenés una manzana y yo tengo una manzana y las intercambiamos, tenemos una manzana cada uno. Pero si vos tenés una idea y yo tengo una idea y nos las intercambiamos, entonces ambos tenemos dos ideas’.

Yo en voz alta comenté, casi por instinto, que eso ya lo había dicho George Bernard Shaw. Él se giró atónito: ‘¿Qué sabés vos de George Bernard Shaw?’.

Me dejé llevar y comencé a hablar con el maestro de libros y de escritores, mientras que el resto del grupo estaba en perfecto silencio. Recuerdo este silencio total, casi aterrador, en donde se escuchaba solo mi voz. No podía parar, era como si tuviese que confesar allí, delante de todos, el porqué de cada renglón que había leído.

En un momento el maestro salió del aula, y cuando volvió estaba con el director. Era un hombre alto, amenazante, a quien todos le teníamos miedo, creo que era un cura.

“¿Pero vos cómo hacés para saber todas esas cosas?”, exclamó. “Las leí”, respondí con cierto orgullo.

“¿Y dónde las leíste?”.

“En los libros, en casa…”.

En conclusión: el director citó a mi padre y a mi madre.

Para mí fue una humillación tremenda. Siempre había considerado el estudio como algo estúpido, inútil, pero lo hacía porque no podía evitarlo. Ahora la escuela se complicaba y solo porque dejé escapar alguna que otra palabra de más. De repente mis compañeros me consideraban un extraño, también en casa comenzaron a tratarme de manera distinta. Incluso mis padres estaban sorprendidos y además un poco perturbados por este descubrimiento.

// Darío Argento