Por Francisco Tijerina Elguezabal

“El que espera, desespera.” // Refrán popular

A pesar de las estadísticas de los infectados y fallecidos durante estos larguísimos meses, para muchos mexicanos resulta más pesado el encierro que el temor a enfermarse de coronavirus y por ello salen a las calles, se reúnen, no toman precauciones, están cansados.

De ahí es que nace la airada protesta por el cierre de comercios y la ley seca del fin de semana en Nuevo León; no es que no entiendan, es que están hartos.

Y no es necesario esperar a que sea el fin de semana, ya cualquier día, a cualquier hora y en cualquier punto ves las aglomeraciones y te das cuenta de la gran cantidad de personas que salen sin cubrebocas o que lo usan como mascada al cuello en lugar de portarlo; te das cuenta de que para cualquier trámite tienes que hacer fila y en ellas no se guarda la distancia o ves a cualquier hablando por el celular pegando de gritos o estornudando sin cubrirse con el antebrazo.

Sí, ya lo hemos dicho, se junta mucha gente a bordo del transporte urbano, pero pocos son los que van platicando entre ellos, aunque sí habría que ser más estricto con el correcto uso de los cubrebocas, así como distribuir gratuitamente trozos de papel, aunque fueran de estraza, para no tocar las superficies con las manos.

No hay forma de detener las reuniones decembrinas ni de impedir que la gente se lance a las calles a comprar regalos; habrá posadas y cenas familiares y de amigos y se correrá el riesgo de contagiarse en decenas de sitios.

Crear conciencia no es sencillo, hacer entender a la población que por muy fastidiada que esté por las medidas restrictivas, deben acatarse porque es menos incómodo respirar a través de un cubrebocas que hacerlo intubado en una cama de hospital.

Están hartos del encierro, pero este es un momento clave. Si ya hemos hecho un enorme esfuerzo a lo largo de tantos meses, ¿qué nos cuesta esperar un poco más a que brinque el año y lleguen las vacunas? Esperemos que sean efectivas y puedan detener la enorme mortalidad que esta enfermedad nos ha dejado.

Que los supermercados cierren y que haya ley seca sólo los fines de semana en una medida “light” comparada con las que se han ordenado en otros sitios del mundo. Ya nos dimos cuenta el primer fin de semana de que es posible reducir la movilidad de personas y con ello evitar los contagios.

Prefiero mil veces vivir desesperado que morir por darme el gusto de salir a la calle. La responsabilidad no es del gobierno, es individual y debemos asumirla no sólo para cuidarnos en lo personal, sino para contribuir con la sociedad sin dispersar el virus y afectar a otras personas.

Como diría José José: “Espera un poco, un poquito más…”

ftijerin@rtvnews.com