Por Carlos Chavarría

Aprecio que el presidente López Obrador haya decidido dejarle a las FFAA la responsabilidad de coordinar y controlar el proceso de vacunación contra el COVID porque a como somos de poco inclinados en cumplir protocolos, se requiere alguien que inspire respeto a secas. Imaginemos el proceso.

Sin conocer los detalles puedo  suponer que la misma compañía Pfizer requiere de recuperar información del resultado de la vacunación con mucho detalle porque las autorizaciones de todas las vacunas son de “emergencia” ante la crisis económica y moral que padecemos.

La fase III de todas las vacunas se terminará en el camino con la participación de toda la humanidad y eso requiere control y recuperación de datos.

La Pfizer, así como las demás organizaciones diseñadoras de las vacunas, bien podrían ponerse a vender por todos lados su vacuna y ganar mucho dinero pero la realidad es que aun hay muchas preguntas sin respuesta. ¿Efectividad para cada segmento de la población? ¿En cuántos días se alcanza la inmunidad? ¿Cuánto dura? ¿Efectos secundarios a corto, mediano y largo plazo? ¿Después de la primera dosis se puede contagiar? Etcétera.

Si con un día de cuarentena nos arremolinamos para comprar papel sanitario o cerveza porque se está acabando, solo pensemos en cuanto al anuncio del inicio de operaciones de un centro de vacunación COVID, sin disciplina sería un caos absoluto.

La logística de vacunar y dar seguimiento a 120 millones de personas en pueblos pequeños de un par de miles de personas no parece complicado, pero en ciudades de mas de 100 mil habitantes o de millones obliga a un esfuerzo sin precedente de organización, coordinación, recuperación y control de datos, y seguimiento de efectos secundarios.

En referencia  a los últimos, ante los efectos secundarios, que los habrá sin duda, la medicina estará aprendiendo junto con Pfizer y todo el sistema de salud, pues el efecto placebo y la sugestión colectiva harán de las suyas.

Si la pandemia saturó hospitales, las consultas posteriores a la vacunación de miles, sin orden y disciplina, así como una excelente comunicación social, pondrán a prueba nuestro temple y la capacidad todo el conjunto sanitario, público y privado.

Ahí sí, en la comunicación social, el gobierno tendrá que dejarse ayudar de todos lo medios de comunicación a la mano para evitar que las leyendas urbanas, Radio Bemba y los mal intencionados (que los habrá) desorganicen a la sociedad en contra de su gobierno.

Menciono a las gentes mezquinas, dentro y fuera del gobierno, incluso intereses más allá de nuestras fronteras y mal intencionadas, porque todo esto ocurrirá durante los procesos de campaña electoral y eso es un problema por el lado que se le vea, no solo para nosotros sino cualquier país bajo los mismos horizontes electorales.

Se que podrá sonar descabellado y que hay mil razones para ni siquiera pensar en ello, pero lo mas razonable sería poner la salud individual y el tejido social por delante y postergar los procesos electorales por un año en tanto se pasa la crisis de la vacunación, alargando mandatos de todo tipo y manteniendo los poderes públicos en el estado en que se encuentran en este momento, como una forma prudencial objetiva, justificada ante los riesgos imperantes.