Por Eloy Garza González

Este 2021 viene más incierto que un chango con un bate. Entre las trompadas que nos dio el COVID (chiquito pero mañoso), entre la flojera que nos dio no salir de casa y entre la manda casi sagrada de echarse unos mezcales dobles, en caballito percherón, antes de proceder al cabal y estricto cumplimiento de seguir haciendo nada, los norteños nos proponemos para 2021 aguantar vivos. Cueste lo que cueste (ojalá no mucho porque no traigo cash), así sea sobornando al mentado coronavirus o rezándole a Dios, que es la mejor forma de gym espiritual.

Viviremos los norteños el 2021 tenazmente como la mosca, que jode y jode; seguros de que cada día es tan excelso o chafa como nos pesque el ánimo, el humor o lo ganoso con que hoy prendamos el carbón.

2021 arranca nuevos episodios de nuestra emperrada manía de existir, agarrando (porque no nos queda de otra), al toro por los cuernos, al rábano por las hojas, a los Tigres por los goles. Y cargando cruces ajenas (como si no tuviera uno con la propia), o velando por el prójimo que usualmente tiene cara de esas tías quedadas que no salían de vacaciones si no las echaba uno al asiento de atrás, encima de las maletas, las hieleras, los flotis y la carreola. ¡Y vámonos todos en bola, ánimas que no amanezca!

Termina un año más chamuscado que un chicharrón de la Ramos. Ni modo, no hay de otros. Y tendremos que soportar personajes faranduleros que no alumbran pero sí se farolean; políticos que hasta parecen simpáticos y buena onda si no fueran tan bandidos y ni tan hijos de su mal dormir.

Pero para todos habrá, porque no es cosa de desearle feliz Año Nuevo a unos sí y a otros no, ni dejar piñata sin darle de palos, ni chamacos sin jalarles las orejas (sobre todo si no son de uno y por eso caen más gordos). Así que nada de recogerse temprano. A entrarle al cabrito y a los tamales con enjundia, porque no queremos jetas de perros apaleados.

En fin, a troche moche, pero andamos de manteles largos; inauguramos un añito más y ya estamos a punto de repartir puros a la parentela porque fue niño (aunque pinte para feíto) y los papás andamos bien contentos por parir una bendi llamado 2021 y tendremos que darle nuestro apellido y mantenerlo como si fuera de uno.

Bienvenidos todos al nuevo año, gordos y flacos, greñudos y pelones, altos y chaparros, broncos o senatores, Mitos o realidades. Y pásenle a lo barrido, que este mundo fue y será una porquería ya lo sé, pero que con todo es mejor estar arriba que estar abajo.

¡Y no se dejen! Síganle vivos todo lo que puedan, pújenle aunque batallen y lean harta poesía de Jaime Sabines y de Rosario Castellanos (preferentemente, por favor). O escuchen seguidas las 400 canciones de Manzanero. O las mil y feria de José Alfredo. O hasta de Arjona (allá ustedes). O escriban su propio bolero, si se atreven y andan de chipilosos o en plan cursi subido. Felicidades, amigas y amigos. ¡De corazón!