Por Carlos Chavarría

Otra vez nuestro presidente se desvía de los intereses más importantes de nuestro país al no condenar el uso del poder presidencial para violentar la constitución de cualquier país, pero en especial de nuestro vecino y socio más importante, los EEUU.

Con la intención de sostener quién sabe qué tesis personal indefendible, critica la respuesta de las instituciones de los EEUU ante las formas usadas por Trump cuando al mismo tiempo simpatiza con las misma respuesta  que ahora condena en los casos iguales como Bolivia y Venezuela, lo que a todas luces es una lastimosa contradicción.  

Si acaso piensa nuestro presidente que resulta congruente en su posición de estadista al frente de todos los mexicanos enviar a la próxima y recién electa administración de Joe Biden su confuso mensaje de solidaridad para con un mandatario que perdió en su reelección, pienso que está equivocado porque lo único congruente entre Trump y AMLO es que les gustan las mismas formas para mostrar su inconformidad ante la democracia que no les favorece.

Se pierde el presidente en un galimatías acerca de la censura aplicada por las empresas dedicadas a las redes y hasta habla de crear un sistema de comunicación social alterno donde nadie pueda censurar a cualquiera.

Olvida el presidente que la calificación de censurable hacia alguna manifestación de ideas es uno de tantos mecanismos de represión que son usados desde el poder, como los que  le gusta recetar todos los días contra aquellos que no piensan como él. Por ejemplo, cada vez que el gobierno oculta datos acerca de su gestión esta aplicando la  censura, más crítico es hablar de “otros datos” y no mostrarlos.

De hecho la intención de  absorber o desaparecer los organismos autónomos dedicados, esos sí, por mandato de ley a censurar la gestión publica, muestra una clara implicación represiva que contradice el discurso oficial de condenar la censura misma aplicada por algún medio de comunicación ajeno al poder público.

Por supuesto que es censurable cualquier límite a la libertad, excepto el impuesto en concordancia con las leyes mismas. Supóngase que algún lunático de los que abundan invitara a incendiar el Capitolio norteamericano y pagara una inserción en cualquier medio de comunicación masivo, informando con los detalles del caso. ¿Acaso ese medio de comunicación no se vería envuelto con responsabilidades en tal conflagración?

Circula un video documental en la plataforma llamada YouTube en el cual se cuestiona a los medios de comunicación que sirvieron de caja de resonancia para que Hitler no solo llegara al poder sino para convencer a buena parte de la sociedad alemana de su tiempo, de las bondades de la pureza racial y ya sabemos cómo concluyo todo.

El gobierno y los particulares no puede entrar en contradicciones conceptuales o dudas limítrofes o tangenciales en el ejercicio de sus responsabilidades por evitar mayores males que están a la vista en aras de la libertad de expresión.