Por Carlos Chavarría

Milton Friedman, Premio Nobel de Economía 1976, dijo alguna vez: “…cuando en una empresa privada se equivocan o hacen las cosas mal, el costo lo pagarán los accionistas hasta con la posible quiebra, cuando ocurre lo mismo en los gobiernos, la burocracia se hace mayor y piden mas recursos”.

La directora general del STC de la Ciudad de México no está eludiendo su responsabilidad en el reciente, esperemos accidente, en el puesto central de control del Metro de esa ciudad.

La directora está mostrándonos tal como es la filosofía dentro de todos los organismos del sector publico. Son “solo” empleos sin responsabilidad por los resultados, habida cuenta de que todos los puestos se fueron ocupando a base de canonjías y amiguismos, no en función de aptitudes y experiencia.

En este el STC se fundó poco antes de 1968 y con toda seguridad al llegar a su puesto, la directora encontró una organización más que madura, con toda una serie de practicas que le harían imposible realizar cualquier cambio o modernización so pena de entrar en conflicto con toda una serie de personalidades que pusieron ahí a “sus gentes”, así se estila en las paraestatales y organismos.

Ese pequeño gran defecto produce múltiples y variadas deficiencias o malas prácticas que van sumiendo a las organizaciones del sector público en elefantes blancos donde lo que menos importa son los resultados y su eficiencia, porque eso no se recompensa, sino la fidelidad a otros propósitos ajenos al objetivo real de la organización. Ahí esta el problema de premiar más la fidelidad y la confianza con el “de arriba” que los conocimientos.

Claro que dentro del STC debe haber personas que hacen que los trenes cumplan su fin de transporte, pero esos están en el closet, con toda seguridad inconformes con el estado de las cosas, pero sin poder hacer otra cosa que repetir los mismos patrones de un pobre cumplimiento.

Ese lado de la corrupción, que no está calificado como tal, tiene hundido a todo el sector paraestatal y ningún presidente ha intentado siquiera rascarle tantito, al contrario y para nuestra desgracia, ahora pretenden que aquellas tareas que se han encargado a la iniciativa privada vuelvan a ser materia única del sector gobierno para continuar con el saqueo.

No debe olvidarse que si Carlos Salinas de Gortari vendió o liquidó la mayoría de las  empresas paraestatales fue porque a lo largo de 70 años de ese derrotero, ese sector se comía todo el presupuesto del sector público y fue la causa central de la enorme deuda del gobierno, tal y como ahora se pretende profundizar.

Los burócratas siempre quieren justificarlo todo con el “carácter redistributivo” de las inversiones y gastos en el sector paraestatal, pero eso es una trampa porque el costo consecuencial tan grande de un muy mal servicio es superior siempre al supuesto beneficio conferido vía tarifas o precios.

Dígalo si no, el hecho que de acuerdo con los datos del propio STC el volumen de la demanda de viajes del Metro de la Ciudad de México ha caído desde los casi 6 millones de viajes diarios que prestaba con 5 líneas a menos de 4 millones con 12 líneas, porque los supuestos “beneficiarios” prefieren migrar al auto privado o las demás opciones.