Por Obed Campos

El primer encabezado que escogí al confeccionar este editorial que usted tan amablemente lee fue “El virus tiene la palabra… y no es de palabra”, porque me voy a referir al peligro real de la suspensión o pospuesta de las elecciones del próximo 6 de junio, como ya anunció el secretario de Salud de Nuevo León, Manuel de la O Cavazos.

Pero luego pensé, cuántos “inversionistas” electorales habrán amanecido sanos y les dio diarrea al leer esta noticia que amenaza con retrasar el cobro de sus dividendos.

El amago del SARS-CoV-2, o coronavirus o Covid-19, como usted quiera llamarle, es obvio que vino a sacudir nuestro estilo de vida, tanto, que una actividad “tan natural”, como lo es el proceso electoral también se verá afectada. ¿Qué hay de nuevo en eso, si esta advertencia se viene dando desde el principio de la emergencia sanitaria?

Lo que tampoco es novedad es la imprudencia que acarrea falta de precaución por parte de autoridades y la ciudadanía. (¿Ya se puso el tapabocas aquel que les platiqué?).

La posibilidad de suspender o posponer el día de las elecciones no nos debe de asustar, porque ahora sí que hay mas tiempo que vida. Esta decisión, ya lo dijo el doctor De la O, se tomaría si empeora la situación que se vive en Nuevo León por la emergencia sanitaria.

Le tengo noticias: la mundialmente famosa “Ley de Murphy” patentiza que si algo puede salir mal, saldrá mal… Así que no hay precaución de sobra e insisto, ¿qué se pierde por atrasar un poco aunque sea el día de las elecciones?

O más que qué se pierde, quién pierde… Pues los tahúres electorales, que con cara de santos donadores apoyan a las campañas políticas, aquí y en Wuhan.

Y le tengo más noticias: junio llegará más pronto de lo que parece.

Anote esta máxima: “El virus tiene la palabra… y no es de palabra”.

Por si usted como yo no lo sabía: El ingeniero aeroespacial Edward Aloysius Murphy formuló su mundialmente famosa ley en el año de 1949, tras descubrir que estaban mal conectados todos los electrodos de un arnés para medir los efectos de la aceleración y deceleración en pilotos de aeronaves.

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