Por Félix Cortés Camarillo

Ya el burdo tratamiento por parte de la administración López Obrador del caso del general Cienfuegos, ex secretario de la Defensa Nacional, preso en Estados Unidos acusado de complicidad con el narcotráfico y liberado luego a petición de México devino el primer prietito en el arroz de las cruciales relaciones de México con el vecino del Norte.

            Nos falta mucho por saber de las acciones que el gobierno de Trump todavía, pero el de Biden después, emprenderán frente a las acusaciones de que una de sus principales instituciones de investigación delictiva, la DEA, “le fabricó” delitos al general. Eso sin considerar si el mílite es o no culpable, eso es otra cosa.

            No hay que olvidar que ante el triunfo electoral de quien tomará posesión pasado mañana, López Obrador se negó empecinadamente a reconocer su victoria enviándole una felicitación: él consideró que sería una intromisión el asuntos internos de otro país. Intromisión que no se equipara a enviar a un avión presidencial a recoger a Evo Morales desde Bolivia para ofrecerle asilo en nuestro país. Asilo que por cierto desdeñó. Descalificar públicamente a la DEA como mentirosa y tramposa es una intervención de menor calado, pero fue una intervención sin duda.

            Se aproxima para estos días una nueva prueba de la calidad de las relaciones entre México y su principal cliente, proveedor y vecino: nueve mil hondureños ya están cruzando Guatemala, como el alacrán cortando caña de los brutales retenes guatemaltecos, y de una manera u otra llegarán a la porosa frontera con México en cuestión de días. Su destino es los Estados Unidos ante la violencia y la pobreza que en su país imperan.

            Hasta el momento, la función del gobierno de México ante las olas migratorias ha sido de apoyo irrestricto, dócil, firme y reconocido por el todavía presidente gringo, en la represión y freno de estas caravanas de migrantes. De hecho, la Guardia Nacional y las diferentes policías mexicanas han asumido-y probablemente lo sigan haciendo- el papel de la Border Patrol de los Estados Unidos, impidiendo el paso de los centroamericanos en nuestro sureste y en la frontera norte para que no lleguen a la tierra prometida.

            Incluso aquellos migrantes que temiendo por su vida han logrado cruzar la línea y solicitar asilo político o humanitario en los Estados Unidos, tienen que esperar a ser convocados a su juicio de este lado de la frontera.

            ¿Qué va a ser el presidente López ante esta nueva ola migrante?

            Es casi seguro que siga la política represiva de Trump, pese a que entre las primeras medidas que el presidente Biden va a tomar en cuanto se siente en el salón oval es emprender una nueva política migratoria.

            Otra piedra en un camino que debiera ser de curso calmado y amistoso.

PREGUNTA para la mañanera, porque no me dejan entrar sin tapabocas: ¿por qué se da prioridad, en los puestos de vacunación para el Covid 19 a los llamados “servidores de la Nación, que no son otra cosa que promotores del voto para los candidatos de Morena y de apoyo para su Presidencia?

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