Por Félix Cortés Camarillo

No fue muy lejos el desplante del fiscal general de la república, el doctor Gertz Manero, quien le confió a Carmen Aristegui en su programa de radio no solamente su indignación personal y de funcionario por la actitud de la DEA en el caso del general Cienfuegos. Alejado de las primeras manifestaciones sobre el caso, dijo el fiscal que la iniciativa de retirar los cargos en una corte de Nueva York contra el ex secretario de la Defensa de nuestro país, Gertz Manero había sido de la parte norteamericana. Agregó indignado que iba a llevar el caso a instancias internacionales.

Ni idea de a qué instancias se refería: el tono de la administración mexicana de hoy es echarle el paquete a las instancias internacionales. La ONU, que nadie toma en serio a estas alturas del partido, es de las favoritas de Andrés Manuel López Obrador.

Las primeras noticias de este cambio de rumbo, repentinas por cierto, nos dijeron que había sido la parte mexicana -la misma Fiscalía o Relaciones Exteriores- las que habían solicitado al todavía antier fiscal de los Estados Unidos, el señor Barr, la exoneración del militar mexicano acusado de complicidad con los narcotraficantes de aquí, concretamente de Nayarit. Ahora resulta que fue una iniciativa de la justicia norteamericana.

Pero el insistentemente calificado como autónomo e independiente fiscal Gertz fue corregido por el presidente López. En el tono cantinflesco de esta administración, López Obrador dijo estar de acuerdo con el enojo de su independiente fiscal pero que no era conveniente llevar las cosas al extremo del pleito. Dijo, expresando su deseo íntimo, que los que deseaban un enfrentamiento entre los gobiernos de México y el actual de los Estados Unidos se iban a quedar frustrados en su esperanza. Nadie en este país quiere pleitos con el país más poderoso del mundo; vamos, no queremos pleitos con nadie. Todos los mexicanos sabemos que el único que ha provocado malestar del presidente Biden hacia el gobierno de los mexicanos ha sido precisamente….el presidente López.

El asunto es que con la cercanía zalamera del presidente López hacia el impresentable ex presidente Trump que llegó a contaminar la campaña electoral norteamericana con el único viaje que López Obrador ha hecho al extranjero, a la Casa Blanca, no se olvida fácilmente. Aunque Biden no sea precisamente un rencoroso, además de que tiene muchas cosas que enderezar en su país como para ocuparse de minucias como las que ahora preocupan a la administración López Obrador. Hoy hay que bajarle el fuego a la estufa: el presidente López no quiere queso sino salir de la ratonera en la que por voluntad propia se metió.

Ahora, pudiera ser que el dizque maderista presidente López tenga sus miras en el regreso de Trump para su reelección en el 2024. 

PREGUNTA para la mañanera, porque no me dejan entrar sin tapabocas: ¿Señor presidente, si Usted le puede dedicar millones de pesos a la remodelación de su estadio de baseball de adolescencia en Palenque, que regentea su hermano,  no podría dedicar cincuenta millones al salvamento del Museo del Papalote, allá por Chapultepec, donde muchos niños aprenden a relacionarse con la realidad?

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