Por Félix Cortés Camarillo

“Todos lo conocen por Panchito

y porque baila el Chá-chá-chá”

Sonora Santanera, La Boa

El acrónimo La Boa, por no decir Bloque Opositor Amplio, que dio a conocer el presidente López en sus clases mañaneras de catecismo el otro día, es tan imbécil que tengo la profunda sospecha que fue inventado, diseñado y difundido por los integrantes de la oficina de comunicación social -antes se llamaba prensa- del presidente López Obrador. Que no se caracterizan por un cacumen portentoso, ya no se diga elemental. El presidente López se sacó de la manga la existencia de la BOA, una conjura subversiva en contra de su gobierno y de las nebulosas entidades que la integran y promueven. Después de todo, el documento supuestamente confidencial que el presidente López desveló, no tendría otros propósitos que los de reducir el poder omnímodo e imperial que tiene el presidente de la República, en busca de una democracia.

O de una monarquía, si quisieran los de La Boa.

Cito el artículo 39 de la Constitución que nos rige: “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.

Al amparo justamente de este admirable precepto consustantivo de toda sociedad que aspira a ser democrática, el mismo Andrés Manuel López Obrador condujo un movimiento de oposición y resistencia al viejo régimen, y finalmente se hizo del poder que transcribió a omnímodo. Hoy denuncia como traición a la Patria emprender lo que él mismo hizo.

Cada vez más me acerco a la convicción de que los integrantes de la BOA, o cualquiera de los oros mexicanos que coincidan con sus principios no tiene asomo de éxito. Por más convencidos que estemos los que pensamos que la presidencia imperial ha sido siempre y lo es ahora una injusticia, una aberración y una dictadura. Pero también me queda claro que el viejo precepto de las abuelitas, de que el que paga manda, por más desprestigio que el presidente López haya acumulado, por más frustración que conozcamos, mientras la oposición no disponga del capital y el poder de dispersión que tiene el gobierno, los votos seguirán siendo comprados por el que tiene la talega llena de billetes. El presidente López seguirá manteniendo la supremacía en ambas cámaras, tal vez menos apabullante que hoy, pero aplanadora al fin Y Félix Salgado Macedonio tomará posesión como gobernador de Guerrero.

Sí, todo por servir se acaba; con el repentino ascenso del precio internacional del petróleo, Pemex va a recibir más dólares. Pero seguirá también pagando más pesos por el litro de gasolina importada. Cosa que está sucediendo ya.

La promesa presidencial de que no habrá más “gasolinazos” se desploma. Para mantenerla, hay que dejar de atribuir el incremento en el precio de los combustibles a la inflación: eso no es cierto.

Muy pronto, el presidente López tendrá que asfixiar o aniquilar los programas de limosna social -para los ninis, los sembradores de vida o los que le garantizan votos.

Y si no, al baile vamos.

PREGUNTA para la mañanera, porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, señor presidente, ¿ya le explicaron con peras y manzanas que las diferencias de sus números con los de la Auditoria Superior de la Federación derivan de las diferencias de tipo de cambio peso-dólar en el momento en que se contaron las peras y se contaron las manzanas?

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