Por Carlos Chavarría.

La cada vez menos honorable legislatura aprobó en lo general la ley que permite el uso lúdico de la mariguana. Ni se dieron cuenta las feministas para lo que fueron útiles.

Estoy de acuerdo con nuestro buen amigo Santiago Roel en sus intentos de quitarle lo negro al mercado de las drogas, pero siempre he titubeado cuando esa propuesta, como la recién aprobada, ocurre ante la total y absoluta incapacidad para responder al fenómeno de salud y el de criminalidad asociados en el jugoso mercado de la alienación voluntaria, y porque se analice sin rigor científico el fenómeno que ha flagelado a la humanidad, como son las drogas.

En su estrechez de pensamiento los diputados concluyeron (Artículo 5, fracciones XI y XII) que la violencia, corrupción y crimen organizado se acabarán cuando el estado tome el control de la “regulación” del mercado completo del cannabis y sus derivados, sin considerar que la corrupción es precisamente un fenómeno inherente a la existencia del propio gobierno.

Muy loable el que al fin reconozcan como un asunto de salud pública el consumo de drogas, pero olvidan por completo que los psicólogos sociales le han dedicado muchos años al estudio de la dependencia química y física, llegando a la conclusión que no es nada más cuestión de permitir el consumo de drogas como se lograra erradicar la violencia.

La pobreza en el desarrollo personalítico que propende a las conductas antisociales depende del modelo jurídico, modelo médico tradicional, modelo de reducción del daño, modelo de la privación social, modelo de los factores socioestructurales, modelo de educación para la salud, modelo psicológico individualista, modelo socioecológico, y no sólo del modelo de la distribución del consumo.

En el mismo orden de ideas, queda claro que escoger el camino de la criminalidad no es un asunto “abrazos y no balazos”, o de cuidado de “las madrecitas por sus hijos”, o de “entregar dinero a los ninis”. Es un tema de regresión y desgaste del tejido social y anquilosamiento de sus instituciones públicas

Discutir si el “estado penal” ha fallado resulta estéril, tanto como suponer que un giro hacia el “estado social” por sí solo y “desde el primer día” ya nos llevó al paraíso del bien común.

Cuando se legisla en lo general por lo regular es para cumplir con fechas fatales o presiones imposibles de divulgar pero que llevaron a los diputados en esta muy apurada legislación.

Desde los 70´s del siglo pasado fui testigo, como muchos otros, de cómo amigos y conocidos cayeron en la dependencia química y destruyeron sus vidas. El crimen organizado no respeta legislación alguna, y sí, ¡lo corrompe todo!