Por Félix Cortés Camarillo.

“Mi delito es por bailar el Cha-cha-cha…”

Jorge Zamora, Señor Juez

La carta que envió en días pasados el presidente López al ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y Presidente de la Judicatura Federal, Arturo Fernández Saldívar Lelo de la Larrea, denota en el menos grave de los casos una falta de respeto al principio fundamental de la sociedad democrática, la separación e independencia de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. En el peor una intentona de amedrentar a los jueces en funciones.

“Desafortunada” le calificaría el juez en retiro José Ramón Cossío, aludido por López también. La carta, que leyó ayer el presidente López, pide al ministro presidente que la SCJN que su entidad “determine e informe” si al juez federal Juan Pablo Gómez Fierro le correspondía o no, “aplicar de manera oficiosa la suspensión a quienes lo solicitaron y si es de su competencia resolver sobre este caso”. El juez Gómez Fierro, debe decirse, concedió la suspensión provisional en el juicio de amparo promovido en contra de la reforma a la ley de energía ordenada por el presidente López Obrador. Por añadidura, López solicita “que el Consejo de la Judicatura Federal lleve a cabo una investigación para esclarecer la actuación del juez”. La queja del presidente López es irrisoria: le molesta que se haya dispensado justicia con celeridad, cosa que -admite- no es frecuente.

López Obrador insiste con frecuencia en sus sermones matutinos de adoctrinamiento, en su respeto a la Fiscalía General de la República y la infrecuencia de sus reuniones o contactos con el fiscal Gertz Manero. No ejerce esa misma distancia saludable en su relación con otras autoridades judiciales. Jamás ha expresado el presidente López una crítica a la Fiscalía por la inacción en los procesos jurídicos, por ejemplo, que involucran al ex director de Pemex Lozoya Austin y sus contactos con la empresa corruptora mayor Odebrecht, caso que sigue debajo de la alfombra; por el contrario, esa oficina procuradora de justicia se ha visto muy efectiva en la persecución implacable de Rosario Robles en el caso de la llamada estafa maestra.

Yo no pretendo poner sobre la mesa la razón o el error que inspiró al juzgador la decisión de ejercer correctamente uno de los instrumentos legales que debe ser orgullo de nuestro sistema, la ley de amparo. Lo que sí me parece intolerable es que el Ejecutivo se extralimite en el ejercicio de su autoridad omnímoda e imperial, que debe respetar a las otras instancias del poder. Fueron diseñadas precisamente para limitar la una a las otras dos, para evitar abusos. Y así debemos preservarlas. Ya el legislativo está dominado por el presidente López. No debemos permitir que además maneje a su antojo a los jueces.

PREGUNTA para la mañanera, porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, señor presidente: ¿qué tan duro es su caparazón para seguir disculpando la arrogancia de Hugo López-Gatell y su exhibicionismo antihigiénico y peligroso?

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