Por Carlos Chavarría.

“Es imposible para un hombre aprender lo que cree que él ya sabe”

Epicteto.

No es una novedad que nuestro presidente confunda conceptos y teorías, y que además sea malo para el análisis de costos y beneficios de sus estrategias y programas de acción.

Arranca un tren esperando que la zona de operación vea mejorado su perfil económico, pero al mismo tiempo ahuyenta las inversiones del país con su errática manera de condenar diversos proyectos de inversión con dinero privado porque no encajan en su orientación ideológica (¿?).

Decide que habremos de seguir colgados del petróleo y gasolinas y en consecuencia invierte en una refinería que será otro barril sin fondo, eso sin considerar que ya todas las armadoras han anunciado para que en corto plazo dejar de producir autos propulsados con gasolina.

Decretó que las deudas de PEMEX y CFE sean tomadas por el gobierno central, y al mismo tiempo se compromete a incrementar las pensiones de adultos mayores de 65 años a valores para los que no hay dinero en el plazo que se puso como meta.

En todas sus decisiones siempre usa la frase “estado de bienestar” como fin último de sus teorías económico-sociales cuando en realidad todas sus determinaciones tendrán efectos contrarios a los propósitos pretendidos, porque más temprano que tarde, para poder cumplir, tendrá que quitarle a unos sectores de la sociedad para darle a otros y eso no es sino vil transferismo, por supuesto muy lejos del estado de bienestar.

En economía se postula que el “estado de bienestar” se sostiene que una determinación o política económica para ubicación de recursos, es eficiente u óptima cuando beneficiar a una persona se alcanza sin que al mismo tiempo se perjudique a otra.

Lo que interpreta el presidente como estado de bienestar son determinaciones que se practicaron a partir de la Gran Depresión de 1929 y que fueron abandonadas desde los 80´s al comprobarse que no funcionan y muy al contrario incrementan las distorsiones de todo el sistema de precios.

Repartir dinero a diestra y siniestra sin que al mismo tiempo aumenten los excedentes, debido, o al crecimiento económico o a la mejora de la productividad es un callejón sin salida. Recurrir a la deuda para sostener los errores en materia económica sólo alarga el problema, miremos el caso actual de Argentina y los efectos del Kirchnerismo.

Proponer aumentar impuestos para después de las elecciones en una economía que no crece, sólo busca quitarle a la sociedad para seguir el transferismo, en nada ayuda para resolver el problema de la pobreza y si en mucho empobrece a más personas.

Si en realidad nuestro presidente quiere pasar a la historia de buena manera, deberá profundizar las reformas estructurales, que no de maquillaje o de discursos bien intencionados, sino desatando todos los cuellos de botella que nos mantienen en el siempre presente marasmo económico e ideológico.