Por Francisco Tijerina Elguezabal.

“Ninguna prueba, ninguna rectificación ni desmentido

puede anular el efecto de una publicidad bien hecha”

Hermann Keyserling

Un “influencer” es una persona que tiene presencia y credibilidad en redes sociales y que a cambio de un pago es capaz de recitarte un “Padre Nuestro” a pesar de ser ateo.

El “influencer” se cotiza por el número de seguidores que tiene y el número de comentarios que se le contratan. Los hay de todos, caros, regulares y baratos, pero al final no son más que personas que ponen al servicio de un producto, marca y en el caso de las campañas candidato, su imagen, voz y presencia en un servicio de promoción.

Un “influencer” gana fama por diferentes vías, la normal es que aborde un tema específico y gracias a su constancia y permanencia, además de contenidos interesantes, vaya ganando adeptos que le sigan. Hoy existen “influencers” que tocan los más variados temas y por supuesto hay un montón que hablan de política.

Sobre estos últimos es necesario marcar una diferencia: no son periodistas, no son analistas políticos, simplemente son personas que externan puntos de vista y dejan ver su muy personal visión de las cosas, pero al contar con una audiencia cautiva pueden ejercer un alto nivel de influencia sobre ellos.

Parte importante del truco de utilizar a un “influencer” es que no se note que se trata de un comentario o contenido pagado, sino que parezca un testimonial de apoyo real a la marca o persona. Los “influencers” cobran por sus servicios, aunque en muchas ocasiones lo hacen en efectivo y sin dejar rastro del pago que reciben.

Como era de esperarse ellos ya están metidos de lleno en las campañas políticas en todos los niveles y dado que se trata de promover a un aspirante tienen que cotizar más alto sus servicios dado que se alquilarán de manera exclusiva y no podrán repetir el ejercicio con los contrincantes de quien les llegue al precio, aunque sí pueden hacerlo con otros candidatos afines a su cliente.

Y como todo en la vida hay “influencers” buenos y malos, chafas y finos. Los hay, como con los rateros, tipo “panchero” que aparece de repente, te pega un descontón y te quita la cartera, el reloj y el celular, pero también los hay finos, al estilo de “Raffles” el ladrón de manos de seda, que ni cuenta te das cuando te birla las cosas.

El punto es que si las autoridades electorales están contabilizando los gastos de campaña y si ya Facebook da a conocer la inversión publicitaria que cada aspirante realiza en esa red social, ¿cómo podrán saber que todos esos comentarios son pagados y cuánto se pagó por ellos? A final de cuentas no deja de ser publicidad.

Ojo con estos, que por unos pesos son capaces de venderte los calzones de su abuelita.

ftijerin@rtvnews.com