Por Félix Cortés Camarillo.

..y yo le sigo, le sigo la corriente…

María Cristina, canción española

dedicada a la madre de Isabel II, y

atribuida al cubano Ñico Saquito

Para los mexicanos hoy lunes da comienzo la segunda etapa de vacunación contra la democracia con la intensificación de las campañas políticas de proselitismo: a partir de hoy se duplicarán, por lo menos, los tiempos dedicados en radio y televisión a la difusión de spots publicitarios bobos para los candidatos, muchos bobos también, a puestos de elección popular, y la contaminación visual en bardas y anuncios de pueblos y ciudades empeorará el paisaje.

Dentro de dos meses, y yo espero que así sea, los mexicanos vamos a acudir a las urnas para evitar precisamente esta crisis institucional y que cualquier María Cristina nos quiera dominar aprovechando que le seguimos la corriente por aquello del qué dirán.

Las elecciones de la primera semana de junio son las más grandes de la historia mexicana, no solamente por el número de los huesos a repartir: 500 diputaciones, esto es el total de la Cámara muy baja; las gubernaturas de 15 estados de singular peso económico y político, y más de dos mil presidencias municipales. Pero a más del volumen, estos comicios adquieren una especial importancia por el ambiente político en que están envueltas.

En las elecciones del seis de junio se tiene que decidir de manera clara e indiscutible, si los mexicanos queremos un régimen dictatorial, de presidente absoluto y sin equilibrio de poderes, o nos aferramos a una incipiente democracia que tanto ha costado ir forjando. Por eso, si dejamos que nos infecten con la vacuna de la antidemocracia que las campañas electorales conllevan, podemos despedirnos del futuro de nuestros hijos.

Ellos -junto a los que sobrevivamos a la pandemia- tendrán que vivir, si no lo impedimos con el voto, en un país más empobrecido, contaminado, mal gobernado, contaminado, e igualmente corrupto que los anteriores. Con menores posibilidades de cambiarlo de manera legal. El único camino para evitar este desplome es evitar la toma del poder legislativo, que ha seguido en su tradición de lacayo fiel y dócil del presidente en turno. Tiene qué haber posibilidades de lograr un equilibrio y una mejor representatividad ciudadana en la Cámara de Diputados.

Tradicionalmente la apatía ciudadana que se traduce en abstención y descuido del voto ha sido aprovechada por el partido en el poder y su voto llamado duro: esto es el que se obtiene mediante marrullerías, compra e intimidación; en otra circunstancia ha sido propicia para liberar la exasperación ciudadana para votar en contra. De lo que sea, pero en contra. De esta forma, no ganó Fox sino perdió el PRI: ejemplos en ese sentido los hay en todas partes.

Un voto razonado puede contener en junio la aplanadora que antes fue del PRI y ahora es del presidente López. Hay que ejercerlo.

PREGUNTA para la mañanera, porque no me dejan entrar sin tapabocas: señor presidente, con todo respeto, ¿cuánto apuesta a que el TEPJF no lo tocará ni con el pétalo de un regaño por los mensajes de propaganda política que va a meter en sus mañaneras?

‎felixcortescama@gmail.com