Por Carlos Chavarría.

“Las visiones convencionales nos liberan del doloroso trabajo de pensar.”

John K. Galbraith

Nos hemos convertido en una sociedad de necios de bien poca memoria y nulo aprecio por el más mínimo análisis, además de que nunca como ahora, despreciamos la dignidad propia y de nuestros congéneres. Mezcla explosiva, sin dignidad y ganas de pensar.

A pesar de todas las veces que nos han engañado, seguimos creyendo en las mismas palabras vacías que olvidamos con una rapidez pasmosa. No es un fenómeno privativo de México y de nuestro entorno, si se revisa el contenido de los medios masivos y no se diga de las mal llamadas redes sociales, prevalecen las mismas tendencias de pensamiento superficial que construimos y que nos han hecho ya demasiado daño.

Los creadores de opinión prefieren lo destructivo y como siempre el amarillismo más escandaloso recibe más confianza aún que la propia ciencia. En política ni se diga.

Los gobiernos ya le entraron al juego para “defenderse” para cuidar la poca credibilidad que les queda para aplicar las leyes, a pesar de que estas se ven manipuladas todos los días por aquellos que juraron defenderlas.

En los EEUU pensaron que no podía haber nada peor que Nixon y llegó al poder Trump fijando un nuevo límite a las tonterías que permite el poder como se administra en la actualidad.

En nuestro país tuvimos a Echeverría y López Portillo y creímos que no podía haber nada peor, nos equivocamos. Volvimos a desperdiciar la oportunidad cuando el viejo PRI se replegó y llegó Fox, que paso a la historia sólo por eso, porque llegó y nada más.

No paró ahí, volvimos a creer y llegó Peña Nieto y su total desprecio por la opinión pública y los problemas reales. Trabajó para sectores privilegiados y la corrupción lo derrumbó y volvimos a creer de nuevo que podían hacerse cosas mejores con el voto del coraje.

Llevamos tres años de post campaña presidencial y estamos entrampados por el mismo sistema y seguimos atorados en el mismo estado de cosas que tanto alimentó nuestro coraje.

Si bajamos de nivel geográfico a nuestro estado las cosas son más obvias. Los medios; que a no negarlo, tienen una gran influencia en la opinión de todos nosotros, se han equivocado tanto en cada campaña, algunas de cínico apoyo, pagado o de conciencia, como sea.

Nos han convencido en cada ocasión que no podía haber nada peor que todos los gobernadores o alcaldes predecesores desde la óptica de sus intereses, tanto que hasta agotaron con el Bronco la marca “independiente” o ciudadana para gobernar. Nosotros seguimos cayendo en el juego cada vez.

Ahora ya trabajan los cerebros grises especialistas en la manipulación de la información, en convencernos de que jóvenes y chavos sin experiencia pueden hacer buenos gobiernos.

Todo esto aderezado con gobiernos encabezados por personajes que privilegian el maniqueísmo, la crispación, el encono, la mentira y el escándalo, sin importar los resultados y consecuencias, y que abusando de su poder han convertido hasta el cumplimento de las leyes en algo defenestrable.