Por Félix Cortés Camarillo.

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“El tapado fuma Elegantes”, fue una brillante campaña diseñada y ejecutada por Abel Quezada para fusionar una figura emblemática de la política mexicana con una marca de cigarrillos que eran tan malos que no subsistieron en el mercado.

El presidente López, claridoso que es él, no ha dejado dudas sobre los que son sus dos delfines a los que encargaría el changarro de continuar con la cuarta simulación en el caso de que el Congreso no le ruegue que acepte la prolongación de su mandato, pasando por encima de la Constitución. Estoy hablando, obviamente, de Marcelo Ebrard Casaubon y Claudia Sheinbaum Pardo. No sé si ellos dos fumen, pero lo cierto es que son los indudables tapados.

En alguno de sus múltiples informes trimestrales, que no son más que mañaneras elevadas a la ene potencia, la gobernadora de la ciudad capital se estuvo incólume, sentadita ahí al centro del escenario, como testigo único de calidad de mando. De la confianza que López Obrador le tiene al canciller documenta su calidad de mil usos. El carnal Marcelo no solamente conduce la política exterior mexicana: está convencido, al igual que su jefe, que la mejor política exterior es la política interna.

Ebrard no solamente consigue a cualquier precio, desde luego sin licitación, sin precio ni proveedor conocidos, las pipas que hagan falta en cualquier escasez de gasolina que nos ponga al borde de la parálisis cerebral. Pero lo mismo consigue vacunas contra la pandemia por doquier, le manda mensajes en cirílico a Vladimir Putin para confirmarlo como invitado de honor a la fiesta del 21 de septiembre de este año, o le quita el protagonismo mediático al supuesto zar del Covirus.

El secretario de Relaciones Exteriores de México padece de la obsesión por el poder que invade las meninges de su jefe.

La línea 12 del metro capitalino, que la noche del lunes colapsó dejando, por el momento, 24 muertos y 79 heridos, fue su magno proyecto cuando encabezó el gobierno del Distrito Federal, del 2006 al 2012. Esa línea era el puente que le iba a lanzar a su promisorio futuro en el máximo poder de este país.

A Marcelo le dio por bautizarla como la línea dorada, y tan diferente de los otros servicios del transporte colectivo Metro, tenía que ir sobre rieles metálicos, con un agravante que se antoja ridículo: los vagones, adquiridos sin licitación ni lógica a la firma española CAF por su compañero de armas Mario Delgado Carrillo, hoy presidente de Morena, tenían los ejes de sus ruedas de una medida diferente al ancho de los rieles de fierro que ya habían colocado las empresas constructoras ICA, Alshrom Transport y Carso, del Ing. Carlos Slim.

Precisamente Carso fue la empresa encargada de hacer el tramo donde están las estaciones Tezonco-Olivo, donde ocurrió la tragedia. Desde su inauguración con un costo de 26 mil millones de pesos, en octubre de 2012, a fines de noviembre del mismo año, se registraron 66 fallas.

Alguien tiene que pagar el pato, coinciden todos los que se han asomado a este asunto. Las fallas de los rieles, el error de los vagones y de manera especial las fallas estructurales que mataron dos docenas de seres humanos, fueron advertidos mucho antes; el sucesor de Marcelo en el gobierno del D.F. cerró seis meses la línea por cuestiones de seguridad, especialmente en las curvas y en los rieles. Y todo indica que la responsabilidad indica hacia el carnal Marcelo y sus aspiraciones presidenciales.

Desde la noche del lunes, en un mensaje de tweet, Ebrard se puso a disposición de las autoridades. Traducido al castellano, se puso a disposición del gran elector, el presidente López, quien tendrá que adelantar su elección sobre lo que fuma el tapado.

PREGUNTA para la mañanera porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, Señor Presidente, ¿se vale usar el dolor de las víctimas, modestas como todos los usuarios del metro, con fines electorales?