Por Eloy Garza González.

No estaba de acuerdo con el comunicado contra los dos punteros a gobernador en Nuevo León. Su opinión era que los iban a victimizar. Sobre todo a Samuel García, el abanderado de Movimiento Ciudadano.

Pero Gertz Manero, el titular de la Fiscalía General de la República, dobló las manos. “Al cabo ya me voy”, dijo. Quiere culminar una trayectoria en el servicio público iniciada en 1970.

Sin embargo, no se ha ido. El Presidente López Obrador no le aceptó la renuncia. Lo orillaron a claudicar, lo acorralaron, le cantaron lo de su edad (82), lo de los enredos legales de su familia, lo de la desconfianza con el inquilino de Palacio Nacional. Pero no definirá Gertz cuándo se irá a su casa de una buena vez. En todos los conatos de renuncia (un día sí y otro también), la respuesta superior ha sido la misma: “Hasta que pase el 6 de junio”.

A Gert Manero le recordaron aquella anécdota del escritor Agustín Yáñez, el autor de la novela “Al filo del agua” (1947) obra cumbre de la literatura mexicana. A pesar de su fama, Yáñez era un Secretario de Educación desechable; nadie lo volteaba a ver en las reuniones de gabinete, el Presidente Gustavo Díaz Ordaz le había retirado el saludo.

Don Agustín, el prócer, el novelista laureado, no pudo más. Venadeó al Presidente en los eventos palaciegos, lo siguió de lejos en cada gira, lo asedió en los pasillos de Palacio. Al fin se le paró enfrente en una ceremonia oficial y le dio el oficio de renuncia. Don Gustavo leyó detenidamente el papel membretado, lo rompió en pedacitos y se los arrojó a la cara. “A mí no me renuncia ningún hijo de la tiznada. Yo los corro cuando se me hinchen los cojones”, gritaba Díaz Ordaz.

A AMLO no le renuncia ningún subordinado. Los despide cuando ya no sean “útiles a los fines de la Patria”. Después del 6 de junio. No antes. Después de la jornada electoral, cuando la judicialización de los comicios la dirija Santiago Nieto, hasta ahora titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF). Ya no Gertz. Pero la pauta no la definirá Santiago, tan obstinado en quedarse despachando en la FGR.

Además, hay asegunes en la intromisión electoral en Nuevo León: acusar de facturero a un candidato, obliga a reconocer a sus supuestos cómplices en Hacienda. No existe ningún facturero que opere aislado. Requiere de la participación de mandos de nivel medio y superior en el aparato hacendario. ¿Sacarán a relucir la ropa sucia en el tendedero de los medios?

La configuración del delito no es fácil ni rápida. “Así ha sido en todos los casos”, opina Gertz. “Nos precipitamos”. Lo mismo en el caso de Cabeza de Vaca como en el caso Ancira.

Incluso contra el gobernador de Tamaulipas, Gertz tuvo que presentar (a su pesar) un recurso de reclamación en contra del fallo la SCJN a favor de Cabeza de Vaca, para destrabar la indefinición legal. Sabía Gertz que eso sucedería. Pero no le hicieron caso. Ahora tiene que lavar los platos sucios.

Luego se hacen desfiguros, reviradas, vuelta atrás. “Culpa de Santiago”, opina Gertz. “Falta de respaldo de la FGR”, opina Nieto. El fiscal quiere cortarse la coleta, a sus más de 80 años. Se pregunta en su fuero interno para qué le entraba y ya pide esquina. Pero los tiempos los impone un ente superior. “A mí no me renuncia Manero, hasta que yo diga”. Al filo del agua, diría Agustín Yáñez.