Por Félix Cortés Camarillo.

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No me da la más puñetera alegría la decisión de la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia reviviendo en México la ley mordaza, que vivió su ensayo general, con vestuario y todo, hace cinco años. Ni siquiera me mueve a un mínimo contento que, de aplicarse, esta resolución acabaría con la transmisión del catecismo matutino del presidente López.

Vamos aclarando paradas: los magistrados de esa sala desentierran la ley mordaza alegando que los concesionarios de radio y televisión en el país no son capaces de autorregularse ellos mismos, por lo que los obligan a someter sus contenidos al Instituto Federal de Telecomunicaciones para que él determine cuáles contenidos son correctos y cuáles no. Ataca, maraca.

La esencia de esta disposición utópica es que los comunicadores deben identificar, por medio de una señal visual o sonora, el momento preciso en que comienzan a dar información “pura” -que por cierto, debe por ley ser veraz- y otra para cuando comiencen a emitir opinión sobre los hechos referidos.

Un ejemplo simple: juegan al futbol dos equipos. Señal de información, y se escucha: “el pititos Godínez avanza por izquierda, se acerca al área grande y pasa el balón al Sambucas García. Piringas Pérez le impide el paso, lo derriba y el árbitro marca penal”. Señal de opinión y el narrador sigue: “El árbitro se equivoca totalmente; no se dio cuenta de que el Piringas fue al balón y no al jugador: ¿a dónde vamos a llegar con ese arbitraje?”

Y así hasta el minuto noventa, más lo que añada el árbitro.

Suena a chiste jocoso, pero no lo es. En 1961 el asunto llegó a que el Instituto Federal de Telecomunicaciones, que en los tiempos de la cuarta simulación tiene su futuro pendiente del hilo de los caprichos del presidente López, emitiera entonces unos “Lineamientos Generales sobre la Defensa de las Audiencias”, publicado en el Diario Oficial de la Federación, en diciembre de ese año. El texto cayó en el olvido por el propio peso de su imbecilidad: no hay persona que pueda adjudicarse la autoridad para determinar qué información es veraz y cuál no, requisito que anima a la ley mordaza.

La decisión de la Segunda Sala documenta que lo que hemos venido advirtiendo los observadores de la conducta del presidente López en contra de la libertad de expresión nos hemos quedado cortos: no es una amenaza, es una realidad. Para ponernos la mordaza tiene al Congreso dominado y para remachar, la Suprema Corte de Justicia de la Nación le lame las suelas.

No es la primera libertad fundamental de los mexicanos que se lleva de corbata el presidente López.

La cuestión es si será la última.

CANTALETA (HASTA EL 6 DE JUNIO): Dice Catón, y yo estoy de acuerdo con él: “un voto por Morena es un voto contra México”. El empeño de Andrés Manuel por catalizar a la población mexicana para que decidan estar con él o en su contra está teniendo consecuencias. Nos aproximamos a una confrontación, como la guerra civil de los Estados Unidos, del Norte contra el Sur.