Por Francisco Tijerina Elguezabal.

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“No todo lo que brilla es oro”

Refrán popular

Resulta prometedor, aunque sea en la teoría, el que la próxima legislatura en Nuevo León sea compuesta únicamente por los partidos grandes sin los famosos “satélites”, es decir, sin la chiquillería que termina funcionando de “switch” y casi siempre, casi siempre, anteponiendo intereses personales o de partido a los de la ciudadanía.

Según los resultados del pasado domingo el PAN será el partido mayoritario en el Congreso con 15 curules, seguido del PRI con 14, mientras Morena tendrá siete escaños y Movimiento Ciudadano alcanzará colocar a seis diputados.

Con esto se echa por tierra la aseveración de muchos de que el próximo gobernador, Samuel García, no tendrá representación en el Congreso.

A pesar de que se trata de bancadas grandes de cuatro grupos legislativos, el fantasma de los cambios de camiseta sigue existiendo, porque primero se dará una necesaria lucha al interior de cada partido por la coordinación de los grupos y porque, también, hay que ver cómo repartirá Morena las curules toda vez que se trata de una coalición, de manera tal que es posible que el Verde y el PT alcancen a colar a algún diputado y ahí se tendría que ver si pueden o no conformar un grupo diferente.

Además de las listas de diputados plurinominales que aún tenemos, el punto es que no solamente se trata del peso del voto mayoritario el que decide quiénes serán nuestros representantes en el Congreso local, ya que hay que considerar también el asunto de la paridad de género y es ahí donde, como dicen en el rancho, “la puerca comenzará a torcer el rabo”.

Sería ideal el que la próxima legislatura tomara cartas en impulsar una ley que impida que una vez electos los diputados no puedan estar cambiando de partido o fracción como si se tratase de sus calzones. Ya lo hemos visto, han existido legisladores que han desfilado por todas las bancadas por capricho, porque no les dan proyección, un cargo, no les cumplen sus gustos o porque los mueve algún beneficio económico.

No deberían existir las bancas de un solo diputado que pretenden conseguir recursos económicos y personal a su cargo para manejarlos a su antojo.

El ejercicio legislativo es fundamentalmente el conseguir consensos y la aceptación de los disensos, pero con altura de miras, ponderando siempre el interés ciudadano por encima de las ventajas y triquiñuelas de los partidos o lo que es mucho peor, movidos por intereses personales o de grupo.

Hoy están dadas las condiciones para que contemos con un Congreso ejemplar, lo que significa que los partidos no deben aprovechar la circunstancia para oponerse sistemáticamente al nuevo gobierno en venganza del resultado electoral o bien por impedirle avanzar con vistas al futuro, porque en esa burda lucha nos llevan de encuentro a los ciudadanos.

“Entre menos burros más olotes”, dice el refrán, y entre menos grupos legislativos en el Congreso se puede conseguir una legislatura más eficiente y dinámica; con menos ideas, requerimientos y sobre todo intereses en la COCRI es mucho más sencillo avanzar.

Ojalá y así lo entiendan y desde el primer minuto se dediquen a trabajar con ahínco y esmero, con dedicación y esfuerzo, en beneficio del pueblo de Nuevo León.