Por Obed Campos

A quien le quede duda de que estamos al borde de convertirnos (si no lo somos ya) en una verdadera república bananera, le platico lo que viví el domingo antepasado en el aeropuerto de Monterrey.

Antes que nada debo de aclarar que la palabra correcta no es “puchan”, sino “empujan”, que para el caso es lo mismo.

No tengo claro el dato, como diría el otro, pero me parece que el Aeropuerto Internacional de Monterrey es, mínimo, el segundo en importancia a nivel nacional, aunque eso no les importa a sus administradores.

Y como muestra, un botón:

El único tractor de arrastre con que ineficientemente contaba la pomposa terminal aérea, se les descompuso y como no tenían uno de reserva, el artefacto tuvo que ser sacado de la pista empujado a mano por los empleados.

Mientras tanto, los pasajeros de Magnicharters, tal y como pollos enjaulados, tuvieron que sufrir una hora encerrados sin aire acondicionado… Y el mal humor de las azafatas quienes, lejos de atenuar la crisis, con sus modales le echaban gasolina a la lumbre.

La indolencia y mala organización del personal, tanto de tierra como de tripulación, quedó de manifiesto cuando, a eso de las 15:00 horas,, decidieron evacuar el avión… Pero no le avisaron a la gente de tierra y como no dejaban a los pasajeros entrar a la sala de espera, las quejas no se hicieron esperar.

Una hora después, permitieron el abordaje, pero la nave no despegó de inmediato, y al final, no hubo una explicación por parte de Magnicharters en cuanto al retraso de dos horas, y los pasajeros no recibieron ni una disculpa.

Lo que sí me quedó claro es que posiblemente tenga más tecnología (y más seriedad) cualquier terminal de camión pasajero, de esos que van a Sonora…

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