Por Francisco Villarreal

Dijo Juan que dijo Jesús: “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Puede ser que la verdad nos libere de la mentira, pero también nos esclaviza. Un cambio de amos, pues. Es como una pugna prebíblica entre el fifismo y el chairismo, aunque estas religiones cívicas usan muy indistintamente los encantos y horrores de la verdad y la mentira. Sin tratar de restarle mérito al dicho atribuido Jesús creo que la verdad es demasiado rígida para interpretar una realidad tan compleja como la que vivimos ahora. En otros tiempos tal vez haya sido vital para la supervivencia.

Hoy suele ponernos de frente a la pared monolítica de nuestras frustraciones. En cambio la mentira es tan flexible, tan piadosa, que al final del día nos manda a la cama sin mayores preocupaciones que no recordar si apagamos la estufa o cerramos la puerta con llave, pasador, aldabón, tranca y dos perros feroces agazapados tras el umbral. Porque, eso sí, en seguridad personal somos un poco más delicados. Y bueno, la mentira es más humana, porque en tanto que la verdad es a pesar nuestro, la mentira podemos hacerla nosotros mismos cuando y como se nos pegue la gana. Jesús no lo dijo, pero si lo hubiese dicho quedaría, en esa jerigonza reverencial insoportable de la Biblia, como “y crearéis la mentira, y la mentira os hará felices”. Como autoengaño, la mentira es muy útil. Malo cuando es ajena y nos la tragamos toda y hasta con “toppings” de nuestra cosecha. Peor cuando es institucional (oficial)… que es cuando si bien nos la creemos, como quiera cerramos la puerta con llave, pasador, aldabón, tranca y dos perros feroces agazapados tras el umbral.

Desvarío con estas cosas a propósito del intenso operativo desplegado en la carretera a Laredo en donde fuerzas de seguridad de todo tipo se manifiestan por fin para garantizar que los viajeros no sean asaltados, secuestrados o algo peor. Todo desencadenado luego de una masacre terrible en Reynosa y la desaparición de una señora y sus dos hijos. Pero, vayamos por partes.

LA MASACRE

Yo no sé como vaya el conteo de muertos en Reynosa, sean ciudadanos inocentes o delincuentes. Da lo mismo. No hay razón que justifique un asesinato. Sí sé que en Nuevo León se consignan asesinatos prácticamente a diario con certeza o sospecha de que estén relacionados con el crimen organizado. En Reynosa se habló de un conflicto por controlar la “plaza”. ¿Y en Nuevo León?, ¿son pleitos de vecinos o qué? Casualmente, estas súbitas vendettas se acentúan en tiempos de cambios o tensiones políticas. No aseguro que sean consecuentes sino coincidentes (inserte usted aquí su mentira personal piadosa).

Si bien toda masacre es absurda, la de Reynosa se excedió. No tenía ningún sentido. Los criminales han sabido “calentar plazas” de muchas maneras y con un mínimo de bajas inocentes. Incluso los cárteles han sido cuidadosos en lograr alguna popularidad entre la gente, después de todo son sus clientes potenciales o activos. A esa masacre no le veo ninguna razón útil para imponerse frente a otro grupo criminal. En cambio, sí para cuestionar y emplazar por resultados a las fuerzas de seguridad tamaulipecas. Y por supuesto, ya hubo resultados; antes no pero ahora sí hay. Se van a cacarear durante bastante tiempo y a la par con el culebrón que protagoniza el gobernador con la FGR y la inmunidad que pretende otorgarle su (de él) Poder Legislativo. En Nuevo León, en cambio, aunque siga entintado en sangre el reporte policiaco diario, todo está en santa paz.

LOS DESAPARECIDOS

Las desapariciones de viajeros en la vía a Laredo tampoco son novedad, ni en Tamaulipas ni en Nuevo León. Las protestas frecuentes de familiares y activistas lo demuestran. Supongo que las fuerzas federales tienen responsabilidad, aunque los gobiernos estatales tampoco pueden ser omisos. Es imposible poner retenes cada kilómetro en toda la vía para controlar a los delincuentes. Serían tantos como unos 160 en Nuevo León y unos 40 en Tamaulipas.

Las tropas volantes funcionan para disuadir, pero sólo mientras pasan. No es posible escoltar a los viajeros; y no sería una muestra de fuerza sino de debilidad. Pero coinciden, el tema de la “candente” plaza de Reynosa con el de las ya históricas desapariciones. Ahora resulta que hace unos meses todo era felicidad y ahora todo es angustia. Así que se reúnen mandos, hociconean políticos, y lanzan al camino caravanas blindadas que, con toda seguridad, lograrán resultados “oficiales” de inmediato, como esas capturas de criminales en Reynosa (inserte usted aquí su mentira pía y vaya usted a Laredo en santa paz).

LAS PALOMAS Y EL SORGO

Alguna vez pregunté a mi abuelo por qué en un sembradío vecino no ponían un espantapájaros para que las palomas no se comieran el sorgo. Me dijo: “Es que las palomas no son pendejas. Le sacan la vuelta al espantapájaros no al sorgo”. Los modernos salteadores de caminos igual. Con la diferencia de que esas bandas no operan aisladas, sino que forman parte de un esquema de organización más complejo. La frecuencia, lugar e intensidad de sus operaciones no parecen azarosas. Parece más bien un diseño por personajes más inteligentes y mejor relacionados que esos líderes exhibidos en los medios tras aparatosas y “oportunas” capturas. Así, mientras se sigan haciendo operativos de campo sólo en momentos políticamente convenientes, se nota más que antes no hubo, ahora no hay, y no se ha querido utilizar, la contrainteligencia en este tema, porque “líderes” caen, pero no liderazgos… (aquí no inserte usted nada, la mentira está hecha y bien cocinada, sólo añada sus toppings personales para ir más tranquilo en su próximo viaje a Laredo o Reynosa y cómasela a gusto. ¡Buen provecho!).

Así es que, mientras tanto, mejor cerramos la puerta con llave, pasador, aldabón, tranca y dos perros feroces agazapados tras el umbral… Porque las palomas se seguirán tragando el sorgo.