Por José Jaime Ruiz

josejaimeruiz@lostubos.com

@ruizjosejaime

Leo en la revista “Ñ” del periódico El Clarín: “En suma, Propaganda (reeditado por Libros del Zorzal) es un libro que no tiene desperdicio. Es cierto que arrasará con el último vestigio romántico e inocente del lector y del consumidor que creía en la buena fe del negociante, como dice Bernays, ya sea de terciopelo o de leyes en el Congreso. Pero puesto a elegir, el buen lector debería inclinarse por este libro, como quien prefiere a la verdad por sobre los espejitos de colores, por cruda, fea y dolorosa que sea”.

“En 1928, Edward Bernays –sobrino de Freud por parte de la esposa– y residente en Estados Unidos, sacó a la luz un pequeño libro titulado Propaganda –que muy bien hubiera podido llamarse “infierno”– cuyo subtítulo es Cómo manipular la opinión en democracia. Está escrito como un manual escolar que va de lo más simple, la definición de la palabra y el concepto “propaganda”, a lo más complejo, en capítulos donde explica en detalle cuál es el uso que le pueden y deben dar los políticos que se postulan a grandes cargos, incluidos el de presidente de una nación.”

¿Qué dice Bernays?

* “La propaganda es el brazo ejecutor del gobierno invisible.”

* “Los hombres rara vez se percatan de las razones reales que motivan sus acciones.”

* “La política fue el primer gran negocio de EE.UU. (…) El buen gobierno se puede vender a una comunidad como puede venderse cualquier otro bien de consumo.”

* “…y la primera propaganda de un político vendrá a través de sus conexiones periodísticas” se lee en “Ñ”. “¿Cuál es la ética de los agentes de relaciones públicas? Para empezar, ¿la tienen? Sí, por supuesto, contesta Bernays, el agente ‘no aceptará un cliente cuyos intereses colisionen con los de otro cliente. No aceptará un cliente cuyo caso crea desahuciado o cuyo producto le parezca incomerciable. Debería ser franco en sus negocios…’.”

* “LA MANIPULACIÓN consciente e inteligente de los hábitos y opiniones organizados de las masas es un elemento de importancia en la sociedad democrática. Quienes manipulan este mecanismo oculto de la sociedad constituyen el gobierno invisible que detenta el verdadero poder que rige el destino de nuestro país.

Quienes nos gobiernan, moldean nuestras mentes, definen nuestros gustos o nos sugieren nuestras ideas son en gran medida personas de las que nunca hemos oído hablar. Ello es el resultado lógico de cómo se organiza nuestra sociedad democrática. Grandes cantidades de seres humanos deben cooperar de esta suerte si es que quieren convivir en una sociedad funcional sin sobresaltos.

A menudo, nuestros gobernantes invisibles no conocen la identidad de sus iguales en este gabinete en la sombra. Nos gobiernan merced a sus cualidades innatas para el liderazgo, su capacidad de suministrar las ideas precisas y su posición de privilegio en la estructura social. Poco importa qué opinión nos merezca este estado de cosas, constituye un hecho indiscutible que casi todos los actos de nuestras vidas cotidianas, ya sea en la esfera de la política o los negocios, en nuestra conducta social o en nuestro pensamiento ético, se ven dominados por un número relativamente exiguo de personas -una fracción insignificante de nuestros ciento veinte millones de conciudadanos— que comprende los procesos mentales y los patrones sociales de las masas. Son ellos quienes mueven los hilos que controlan el pensamiento público, domeñan las viejas fuerzas sociales y descubren nuevas maneras de embridar y guiar el mundo.»