Por Félix Cortés Camarillo.

‎felixcortescama@gmail.com

En la imaginaria de la política mexicana de los años setenta, la leyenda urbana afirmaba que en algún sitio del Palacio de Cobián, que sigue alojando a la secretaría de Gobernación, había un cuarto estrecho, largo y oscuro, en una de cuyas paredes había adherida una cuarentena de teléfonos de marcaje mecánico y circular. Supuestamente, al través de esos teléfonos se transmitían las instrucciones del centro a todos los gobernadores y factores del poder en la república. Al mismo tiempo, sin embargo, esos mágicos aparatos permitían escuchar las conversaciones secretas de estos personajes.

            Me acordé de la historieta a partir del cuento revivido del sistema Pegasus de espionaje, anticuado artilugio electrónico para pinchar las comunicaciones telefónicas de quien se quisiera, un sistema desarrollado por una empresa israelí, que en su momento se vendía solamente a gobiernos para que espiaran a sus adversarios.

            En la variopinta lista de los gobiernos clientes aparecen países tan disímbolos que van de Arabia Saudita a Haití, pasando por Kazajstán y otros ejemplos de democracia. México figura entre los clientes más destacados por el hecho de que las víctimas de este espionaje suman por lo menos quince mil individuos, desde políticos de oposición a funcionarios leales al sistema, empresarios o periodistas.

            Son los pajaritos en el alambre. El asunto ni es nuevo ni es serio, y se antoja mucho más como una triquiñuela para desviar la atención de los mexicanos de los asuntos importantes y orientarla hacia el plebiscito del primero de agosto, en que supuestamente vamos a pedir la crucifixión de casi todos los ex presidentes mexicanos, en una boleta confusa y desconcertante según la cual debemos expresar si estamos de acuerdo en que se cumplan las leyes o no.

            Vamos aclarando paradas: todos los gobiernos del mundo, todos, espían a sus gobernados, a sus visitantes, a los diplomáticos a los que acreditaron para ejercer su oficio -que incluye entre otras cosas el espionaje- y a todo el mundo que les pueda interesar.

            Es un juego mundial, antiguo y de valores entendidos. Pegasus fue simplemente una tecnología, tan avejentada como la telefonía fija. ¿Quién en su sano juicio y con autoridad para emitir instrucciones, opiniones o información por un teléfono? Tendría que ser imbécil.

            Ahora, de que los hay, los hay.

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapaboca): En el Colegio Civil de la Universidad de Nuevo León, donde hice la preparatoria, me enseñaron raíces griegas y latinas. Me aprendí por lo menos el alfabeto griego y algo de las declinaciones latinas. El alfabeto, predecesor de nuestro abecedario, es muy similar al que usamos: alfa, beta, delta eta, gama…Señor presidente, con todo respeto: según sus cifras oficiales, se ha vacunado ya en contra del Covid-19 al 30 por ciento de los mexicanos. Y ya vamos en la variante delta de la pandemia. Se supone que para garantizar la inmunidad se debe vacunar a más del setenta por ciento. ¿Hasta que letra llegaremos antes de esa cifra mágica? ¿Será la fatídica omega?