Por Félix Cortés Camarillo

Definitivamente sí, el presidente López tiene razón. El bloqueo que desde hace sesenta años ejerce el gobierno de los Estados Unidos en contra de Cuba es inhumano. Más que eso, es irracional, imbécil, y sobre todo injusto.


En realidad, el embargo comenzó antes de que Castro llegara al poder y se refería a la prohibición de venderle armas a la isla; eso perjudicó más al gobierno de Fulgencio Batista que a los rebeldes de Sierra Maestra. Sin embargo, fue en 1960, ya con Castro en el poder, que la medida se extendió y recrudeció.


Detrás de la decisión estuvo la reforma agraria cubana, que expropió extensas tierras que pertenecían a empresas extranjeras, notoriamente la United Fruit Co. llamada en Cuba la «mamita yunai». Cuando las refinerías y otros bienes fueron también expropiados, la cosa se puso peor, apoyada por leyes de los Estados Unidos viejas o reinventadas.


La esencia del bloqueo es que prohíbe a las empresas norteamericanas -o de otro origen pero que tengan actividades comerciales en Estados Unidos- que comercien con Cuba. En 1992, la ley, norteamericana, de la Democracia en Cuba incrementó las sanciones «mientras el gobierno de Cuba se resista a moverse hacia la democracia y el respeto a los Derechos Humanos».


La Asamblea General de las Naciones Unidas casi todos los años aprueba una resolución, desde 1992, pidiendo el cese del bloqueo. Solamente Israel y los Estados Unidos votan persistentemente en contra. Nadie tiene duda de que Fidel Castro, que nunca fue comunista, se entregó a la Unión Soviética empujado por el hambre y la escasez que trajo el bloqueo.


Dirigida a presionar al gobierno de Cuba, el bloqueo no ha perjudicado a la élite cubana del poder; por el contrario, el nepotismo y la corrupción ha permitido el enriquecimiento de los pocos que acceden a las altas esferas.


De esta manera, el bloqueo sí ha sido una de las causas del fracaso de la economía cubana, de la escasez de insumos alimentarios y de las condiciones de vida de la mayoría de los cubanos, aunque la ineficiencia de los gobernantes de la isla y su pésima administración lleva su culpa en esto.


Tiene razón el presidente López, pero no del todo. Lo escrito arriba es un lado de la historia. El otro es la represión, la falta de libertades, la persecusión y muerte de la disidencia, el cultivo de la delación -que se llama allá chivateo- es algo indefendible y los cubanos están empezando a expresarse en las calles con la consecuente represión violenta. Esto no lo puede defender nadie.


Todas la realidades se resisen al maniqueísmo: las cosas no son blancas o negras, mucho más en el Caribe con su colorido intenso. Si se quiere, la realidad cubana se despliega en una amplia variedad de grises.


Por lo mismo, abordar la realidad cubana desde fuera, al grado de llamarle la Numancia de nuestro tiempo es poner al descubierto magna ignorancia de la historia de quien lo dice, así sea el presidente López. Tanto de la historia del siglo primero, con el sitio de Plubio Cornelio Escipión, el Africano Menor, como la historia de nuestro tiempo. Dejemos a los numantinos de hoy que resuelvan solos sus problemas. Estoy seguro que no acabarán como los celtíberos en un masivo suicidio.

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapaboca): con todo respeto, señor presidente: ¿qué tienen en común las medicinas y las leyes? Que ambas son para aplicarse con eficiencia, y no para ser sometidas a consultas populares o para guardarlas en bodegas misteriosas, y luego mentir sobre ellas.

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