Por José Francisco Villarreal

Cuando yo sufría las consecuencias de una mala decisión, mi abuela me recetaba la conocida fórmula “¡Quién te manda!”. Como quien me mandó fui yo, eso neutralizaba cualquier queja de mi parte, como no fueran sonoras mentadas lanzadas contra el aire huérfano. Es el principio fundamental de la burocracia, donde ante un error hay que culpar a alguien mientras no sea a sí mismo, incluso a una abstracción o alegoría. No importa el culpable sino castigar, así sea al éter.

Yo no sé si esta sea una actitud muy humana, pero definitivamente sí es tan mexicana como el mole, el tequila, el Grito y las mañanitas guadalupanas. Arrastramos ese estigma incluso en la política. Las hogueras virtuales han estado ardiendo siempre, castigando a los expresidentes con mentadas y chistes. Ahora con la innovación de que algunos expresidentes cabecean solitos para el lado desde donde viene la mentada, y que eventual o permanentemente son ya de por sí un chiste, un mal chiste.

¿Quién nos mandó votar por ellos? Nadie, tomamos solitos esa decisión. Nos quedamos con la sensación de haber sido chamaqueados durante las campañas. No nos queda otra que castigar al perjuro. ¿Cómo hacerlo? Pues fácil, castigándolos en efigie, con chistes crueles y mentadas inocuas. ¡Cuánto deben sufrir los pobres ante tan brutal castigo!

El recurso funciona. Es Justicia expedita, una rara avis en México. Nada más que no pasa de ser una terapia muy personal para no sentirnos (tan) tarugos. La vox populi suele coincidir en el repudio a exfuncionarios públicos, sobre todo expresidentes. Pero no pasa de eso. El presidente en turno, ni los otros Poderes de la Unión, podrán proclamar ser tan sensibles como para entender al pueblo y asumirse como sus voceros, personeros, defensores, pero respecto al consenso popular contra los expresidentes, les entra por una oreja y les sale por la otra. Es su versión del “¡Quién te manda!”, de mi abuela.

Cualquiera diría que el frustrado pueblo, bueno y sabio, saltaría de júbilo frente a la posibilidad de que, en una consulta pública se decidiera enjuiciar a los expresidentes. No fue así. Al menos no se movilizó masivamente. Apenas me entero de las primeras cifras. No llegó al porcentaje para que la voluntad popular sea vinculante. Es decir, las autoridades pueden responder al “sí” generalizado en la consulta un “¡Quién te manda!

Muchos pensaban que se trataba en verdad de llevar a juicio a los expresidentes, y que era una propuesta del presidente López. En realidad, fue una respuesta del presidente López a la exigencia de muchos de enjuiciar a los expresidentes. Así se lavó las manos para que todo pareciera una vendetta popular. Pero fue también plan con maña, porque metió en un brete a la oposición. No podían permitir que este ejercicio de participación ciudadana tuviera demasiado éxito. Al promoverla, sabían perfectamente que la gente votaría por el “sí”, y eso significaría enjuiciar a “sus” expresidentes. Lo más adecuado era entonces sabotearla. ¿Cómo? Con un recurso probado y bien sobado: la desinformación.

No se trataba de juzgar sino de investigar. La eventualidad muy probable de encontrar delitos hubiera sido escandalosa, pero se perderían en los laberintos legaloides de la Justicia mexicana o en la caducidad de los delitos. La famosa frase tan reiterada en estos días de “La ley se aplica, no se consulta”, es un sarcasmo en voz de quien sea. Porque todos sabemos que, en el caso de los expresidentes, y de muchísimos exfuncionarios, no se aplica la ley y, por lo visto, no se aplicará jamás.

Mucha gente no votó en la consulta, no porque quiera que no molesten a los expresidentes, sino por la escasa, casi nula promoción de la consulta, que se dio al margen del INE. Contra argumentos sensatos de algunos, hubo joyas de odio “anti-AMLO”, perfectamente irracionales, que fueron desde burlas, hasta insultos, pasando por piezas retóricas donde, con una emulsión perfecta de gimnasia y magnesia, daban “innegables” razones para no ir a votar. En pocas palabras: una mojiganga chacotera, como se estila la política en los últimos años. Ya hasta la terapia de los chistes y las mentadas nos la han arrebatado los políticos: Ahora ellos las escenifican a diario.Lo más desagradable de todo este circo es que, demeritando la consulta pública, han retrasado una vez más la transición de la democracia electiva a la democracia participativa. Si alguien supone que la oposición trataba sólo de sabotear a López Obrador, demostraría que el pueblo podrá ser bueno, pero es más ingenuo que sabio. Porque la trampa del Presidente fue perfecta. La oposición se puso en evidencia porque en algún momento, los que creyeron sus argumentos, se darán cuenta que al hacerlo avalaron la impunidad para por lo menos dos partidos. Sobre todo cuando se enteren que la mayoría de los que sí votamos lo hicimos por el “sí”, es decir, por la Justicia.

Yo voté porque ya es hora de que la gente tenga vías directas para expresar su acuerdo o desacuerdo con los administradores públicos. Sí, los elegimos, administran los recursos del pueblo, pero no nos representan y menos aún nos obedecen. Me temía este desenlace en la consulta, y el triunfalismo de quienes se regodean anunciando una baja asistencia cuando ellos mismo la causaron. No se trataba de darle la razón al presidente López, se trataba de responder a una exigencia popular; todos pudimos votar “sí” o “no”… Bueno, excepto dos partidos que si votaran a favor de la voluntad del pueblo tendrían que votar contra sus partidos.

Lo de juzgar, investigar, o darles un coscorrón a los expresidentes, fue sólo una eventualidad. Lo importante era votar, pero otra vez nos chamaquearon. Nos dieron un arma afilada para imponer nuestra presencia en las decisiones relevantes para la nación. ¿Y qué pasó? Pues que la usamos para picar la cebolla y el cilantro para los tacos de nuestra barbacoa dominical. ¿Así o más tarugos?

Yo sí voté, y voté por el “sí”. Y acepto las consecuencias y hasta me cuadra mejor el reproche de mi abuela que, por cierto, así reza completo: “¡Quién te manda, zopilote, haberte echado a volar, cuando pudiste quedar en tu casa metidote!” ¿Cómo culpar al zopilote por salir a volar habiendo tanta carroña en nuestra política?

PD: Para quienes vieron esta desangelada consulta como un triunfo contra López Obrador… López podría acatar el “sí” desdeñando el porcentaje vinculante previsto en la ley. Muchos incluso de los que no votaron apoyarían eso… en silencio, como siempre. Pero si se ajusta al resultado, retomaría, ahora con un aval popular (en ausencia), su propuesta original de “perdón y olvido”, esa versión “piadosa” de la 4T para impunidad presidencial. A ver, los que no votaron y lo celebran como una derrota de López, ¿están seguros que es una derrota?