Por José Jaime Ruiz
josejaimeruiz@lostubos.com
@ruizjosejaime
Más que investigación, testimonio. Así recibo el reciente documental de Netflix acerca del asesinato del periodista Manuel Buendía.
Destaca Milenio: “Manuel Buendía dejó un legado trascendental en el periodismo a través de su columna Red Privada, en donde destapaba redes de corrupción, criticaba al sistema político mexicano, denunciaba problemas sociales y demás temas que incomodaban a las altas esferas del poder en México.
“Su asesinato el 30 de mayo de 1984, considerado un crimen de Estado, continúa siendo un misterio, que desentraña Netflix en su nuevo documental. Aquel día del año 1984, el periodista fue ultimado por un hombre al salir de su oficina, en el cruce de Paseo de la Reforma e Insurgentes en Ciudad de México; el hombre se acercó a Buendía y le disparó cinco tiros por la espalda. La trágica muerte del periodista destapó misterios, corrupción y chivos expiatorios”.
Jorge Meléndez, quien estuvo cercano al evento, describe en La Jornada de Oriente: “Primero, que un par de días luego del 30 de mayo de aquel año, habían asesinado en Veracruz al compañero, Javier Juárez Vázquez, quien seguramente indagaba en el puerto la famosa trama Irán-Contras, en la que estuvo metido Oliver North, ex presidiario y hoy presidente de la Asociación Nacional del Rifle, que maneja mediante apoyos en económico a varios congresistas de Estados Unidos.
“Dos, que era imposible pensar que el jefe de la policía política, José Antonio Zorrilla Pérez, hubiera asesinado a Manuel Buendía sin que sus dos superiores tuvieran la información: Gobernación y Presidencia de la República. Y que, en el caso de Miguel de la Madrid, éste había sido acusado por Buendía de haber obtenido ciento de millones de pesos de manera oscura, algo que también publicó Jack Anderson.
“Posteriormente supimos que De la Madrid acusó ante Carmen Aristegui a Carlos Salinas de Gortari, por haberse robado la Partida Secreta de la Presidencia de la República. Aunque seguramente presionado por el grupo del poder se desdijo y afirmó que tenía demencia senil o alzhéimer. Pero el hecho es que su hijo Enrique –hoy con aspiraciones presidenciales– fue nombrado, posteriormente, director de un banco gubernamental.
“Tres, aparece un pequeño momento una manifestación que hicimos los miembros de la Unión de Periodistas Democráticos (UPD), del Monumento a Francisco Zarco a la Secretaría de Gobernación –la primera que yo recuerde de este gremio que va al Palacio de Covián–; llegando a dicho sitio las puertas estaban cerradas, cuando me subí a la reja a hablar, las abrieron rápidamente y pasamos una comisión. En un despacho en el que nos ubicaron, a los pocos minutos llegó Manuel Bartlett, nos preguntó qué queríamos –como si no lo supiera porque yo y otros compañeros nos entrevistamos con Fernando Pérez Correa, subsecretario de Gobernación, frecuentemente. Le dijimos que se investigara el caso Buendía, y dos o tres minutos después dijo: ‘Tomo nota’ y se fue. Esa era la importancia que le daban al caso”.
El documental sobre Buendía ahonda sobre temas escabrosos, como la relación del narcotráfico con el poder político, el autoritarismo grosero de ex gobernador de Guerrero, Rubén Figueroa y el ya señalado tema de Irán-Contras.
Iván Restrepo, en La Jornada, recuerda la opinión de Carlos Monsiváis acerca de Manuel Buendía: “…Manuel vislumbró algunos rasgos esenciales de la dirigencia estatal y empresarial, el método verdadero de la acumulación de fortunas, la transformación del dinero en prestigio; del canje del prestigio y el dinero por impunidad”.
El documental de Netflix, imperdible.



