Por José Jaime Ruiz

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Mientras no demuestre lo contrario, el gobernador electo de Nuevo León, Samuel Alejandro García Sepúlveda, seguirá siendo habitante conspicuo de la vieja aldea digital, un sonoro protagonista de la vieja política. Si no es decrepitud, no sé qué es. Viejo joven, Samuel Alejandro ofreció algo que no puede cumplir: acabar con la vieja política.

Al ejercer como gobernador electo, García Sepúlveda se muestra mediático. La soluciones de problemas de Covid, por ejemplo, son ridículas y, si se le escarba, de interés privado, no público. ¿Quiénes son los beneficiados de la vacunación transfronteriza? En la transparencia y la rendición de cuentas, ¿qué familias han sido favorecidas? ¿Cuándo conoceremos esas listas “empresariales”?

Más que sociales, las redes, obvio, son redes. Ya lo padeció Samuel Alejandro cuando se convirtió en misógino. Convertir la comunicación social en Internet fue el error de Jaime Rodríguez Calderón. Cada meme se convierte en escupitajo. Ergo, no se puede gobernar desde Internet. Mucho menos desde la prensa escrita que, volátil, es inútil.

¿Hasta cuándo Mariana estará dispuesta a ser no sujeto, sino objeto político? No es amor, es aprovechamiento. Una violación delicada. Ya ganó Samuel gracias a su esposa, ¿por qué seguir usando y abusando de ella? Mariana tiene que replantearse su papel, si acaso hay papel.

Hay jóvenes decrépitos. Hay gobernantes mediocres. Así Rodrigo Medina de la Cruz, así Jaime Rodríguez Calderón. Santiago Vidaurri nos hizo historia. Bernardo Reyes no es el Palacio de Gobierno, es la frontera que Juárez nos jodió. El presente y la esperanza cultural, Raúl Rangel Frías. Los demás: una bola de lobos babeantes en su enriquecimiento.

La decrepitud juvenil de Samuel Alejandro tiene que ver con su ignorancia. El último gobernador ilustrado fue José Natividad González Parás. Con Natividad puedes hablar de todo, poesía o artes plásticas. Y, sin embargo, Nati impuso a un pendejo y a su padre: Rodrigo Medina. Nati se justifica diciendo que tenía que darle al PRI el triunfo, En verdad fue la derrota de Nuevo León. Y en razón de Fernando Elizondo, otro que le da “continuidad” a la vieja política de Samuel Alejandro.

Habitar la continuidad es un error. Si la “ruptura” es continuidad, los ciudadanos se desenamoran. No hay proyecto, no hay gobierno. No hay nada. ¿Cómo razonar y dar el visto bueno a las jodidas finanzas de Carlos Garza Ibarra? ¿Cómo mantener a Aldo Fasci que hasta ahora es denunciante y en su momento «sufrió» las zonas de confort sin criticar?

Axial, dirían antes. Todo es posible, más cerca. Ni fortaleza ni dedicación, es intención. La carrera política de Samuel Alejandro saltó. Sus maldades y bondades ya son transparencia. Porque es ambicioso, Samuel Alejandro se pierde en el instante.

¿Le podría recordar al más chingón militar de la historia, Simón Bolívar? “Yo no soy Napoleón ni quiero serlo. Por nada del mundo imitaré a César”. ¿Qué quiere el ignorante Samuel Alejandro? Ya no el Bronco, ya no Rodrigo Medina. Si Cemex y Femsa ya gobiernan Nuevo León, nosotros estamos jodidos. Y los bolsillos de Samuel Alejandro estará repletos,.

La decrepitud joven trae beneficios. La vieja política como joven política. Saquear, destruir. Joder. Los vehículos de corrupción empiezan en octubre. La serotonina del agandalle. El padre de Rodrigo destruyó Nuevo León. El Bronco contribuyó al desmadre. ¿Alguien cree que Samuel García no es corrupto? Cambiar la percepción, ah, la percepción. ¿Sex appeal o sexenio?