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Por Félix Cortés Camarillo

El respiro que nos dio el fracaso del intento insurgente del presidente López de que 17 países abandonaran la OEA para hacer de la Celac, bajo el control de López Obrador, Maduro y Díaz-Canel, la institución panamericana por excelencia, dejando fuera a los Estados Unidos y Canadá, es apenas un incidente en una larga carrera que debe de culminar con la revisión de los organismos internacionales supuestamente representativos y dotados de una impoluta calidad ética.

El hecho de que la OEA haya salido de la cumbre de Palacio Nacional sin rasguños, no significa otorgarle al organismo con sede en Washington carta blanca a su actuación o absolución de sus pecados. Hay una serie de pecadillos por comisión u omisión por los que la OEA debe purgar penitencia. Pero esto no acaba ahí.

Los organismos internacionales, desde la ONU que surgió en San Francisco en 1945, son instrumentos surgidos a iniciativa, con los recursos y bajo el control de las grandes potencias, para conservar sobre las demás naciones una dominante influencia. El pleno de Naciones Unidas es un organismo de ornato donde año con año los mandatarios acuden a echar sus peroratas; el verdadero órgano decisivo de la ONU es el Consejo de Seguridad integrado por los Estados Unidos, China, Rusia, Francia e Inglaterra. A esas grandes potencias se agregan periódicamente otros países, que no son miembros permanentes ni tienen la misma autoridad que los cinco mencionados, que manejan a su gusto el derecho de admisión a las decisiones de peso.

De manera semejante, en 1948 se fundó en Colombia la OEA; sus objetivos son también preservar la paz, la democracia y los derechos humanos. La potencia de los Estados Unidos dentro de la OEA es indudable, por lo que se entiende el deseo del presidente López de quitarle a Washington el timón.

Fuera de esas conjeturas ideológicas, la pregunta es: ¿para qué sirven los organismos internacionales? La ONU tiene subsidiarias como la UNICEF, para la cultura y la educación o la FAO para la agricultura y la alimentación. Nadie en su sano juicio puede mencionar alguna aportación a la cultura, o la alimentación. el objeto de la ONU es preservar la paz en el mundo. Desde que surgió la ONU no ha habido un sólo día en que no hubiera existido una guerra en algún lugar del mundo.

El presidente López señaló de entrada para la cumbre de la Celac que su idea era la integración económica de los países latinoamericanos y del Caribe en una especie de mercado común de los pobres, con miras a evolucionar en una copia de la Unión Europea, que tampoco puede presumir de boyante navegar. Los representantes de los 17 países reunidos en México ni lo pelaron.

Se me antoja una serie de alianzas bi o multilaterales que agrupen a países con economías y necesidades semejantes; deberían ser organismos más prácticos, operativos y menos retóricos.

Pero seguramente estoy equivocado. Los pueblos necesitan, ya se sabe, pan y circo. Como en estos tiempos el pan está cada vez más escaso, hay que echar discursos.

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): Ever Josué Cantú y Jesús de León, tamaulipecos ellos de San Fernando, se encontraron en la carretera, como puede encontrarse cualquiera, a una familia de haitianos haciendo la peregrinación a pie. Les dieron un ride, un aventón. Fueron detenidos por el Instituto Nacional de Migración, que los mandó a la Fiscalía General de la República en calidad de polleros, esto es traficantes de personas, delito grave. Con todo respeto, señor presidente ¿a estos extremos debe llegar la calidad de lacayos que usted nos ha asignado a los mexicanos?

‎felixcortescama@gmail.com

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// Félix Cortés Camarillo

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Autor: lostubos
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