Por José Jaime Ruiz

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Peter Sloterdijk, el filósofo alemán (Has de cambiar tu vida, Pre-textos), observa que “todas las <<culturas>>, <<subculturas>> o todos los <<escenarios>> están construidos sobre diferencias-guía con cuya ayuda el campo de posibilidades de comportamiento humano se ve subdividido en clases polarizadas”. Siguiendo la observación, las tensiones verticales en México trabajan al revés, su comportamiento des-empodera al ciudadano y da poder al Poder. El atractor* se encuentra desorientado.

La crisis del llamado sistema político mexicano, dentro del actual escenario, ha priorizado lo negativo sobre lo positivo, lo imperfecto sobre lo perfecto. La diferencia-guía ha pasado del “espíritu de la ley” a la carnalidad de la ilegitimidad. En estas tensiones verticales, el atractor no es el motivo fundacional de la convivencia constitucional, sino el polo del poderoso contra el privado de poder.

La des-ciudadanización del mexicano sólo puede resolverse funcionando como un valor de repulsión en contra del poder (la calle como vía de empoderamiento) o como una “magnitud de esquivamiento” (la crítica, memes de por medio, a través de las redes sociales). El atractor en México, desde la diferenciación directriz, hizo del polo negativo el polo “positivo” (“quien no transa no avanza” o la corrupción no es parte del sistema, es el sistema mismo, Gabriel Zaid dixit).

El sistema sirve a la corrupción, no a la honradez; a la opacidad, no a la transparencia; a ocultar cuentas, no a la rendición de cuentas; a la criminalidad, no a la legalidad; a la propiedad privada de las funciones públicas, no a la administración pública; al enriquecimiento ilícito, no al enriquecimiento lícito; al clientelismo, no a la diversidad política; a la violencia, no a la paz; al Estado ilegal y a la percepción de un Estado fallido, no al Estado de derecho.

La crisis del sistema político mexicano es una crisis no sólo de credibilidad, es una crisis estructural, de sus elites. Las llamadas reformas estructurales fueron reformas para un nuevo campo de juego de los empresarios nacionales y trasnacionales, no para los ciudadanos de México. Por eso, la crisis del sistema es una crisis de las elites y por eso el clamor ciudadano es cada día más evidente: hay que volver a los atractores que dan vida democrática y ciudadanía en contra de la partidocracia, de la violencia de Estado (Tlatlaya), la violencia por la penetración y connivencia de los servidores públicos con los criminales (Ayotzinapa), pero también en contra de la corrupción e impunidad (la Casa Blanca del presidente Enrique Peña Nieto y su esposa). Para beneficio de las elites y del sistema político mexicano , los atractores siguen manejándose al revés. Por eso México no requiere un cambio en el sistema: requiere un cambio de sistema. Y la 4T no ha sido la solución.

* Una nota del traductor del libro de Sloterdijk aclara: “Un atractor, en la teoría de la complejidad, es el patrón que vemos si observamos el comportamiento de un sistema durante un tiempo. Cuando lo hemos descubierto, decimos que este patrón es un atractor, es decir, una especie de imán que atrae al sistema hacia ese comportamiento. Hay atractores que acercan al sistema a su funcionamiento óptimo y otros que lo alejan del mismo”. El mismo Sloterdijk apunta: “Lo que yo llamo aquí atractor son, por sus efectos, magnitudes direccionales de tensiones verticales, que en los sistemas psíquicos se encargan de la orientación”.