Por Francisco Tijerina Elguezabal

Generalmente la experiencia se atribuye a las personas
de cierta edad y, lo que es peor, se la atribuyen ellas mismas”
E. W. Stevens

Con la edad muchas cosas cambian. Se cae el pelo, crece la barriga, duelen las rodillas, comienzan los achaques e invariablemente te cambia la escritura y con ella tu firma, ese signo personalísimo que utilizas para autenticar documentos.

Pues sí, cambia la firma y cuando tienes una cuenta en un banco durante más de 20 años eso empieza a dar serias complicaciones, porque llega el punto en el que la misma firma que te sirvió durante tantos años para signar cheques y documentos termina por no parecerse a aquella que cuando joven pusiste de puño y letra en aquel contrato del banco para aperturar la cuenta.

Y es entonces que haces un cheque para cambiar efectivo o realizas un pago (ya cada vez menos con las tarjetas y las transferencias), pero resulta que el inefable cajero con ínfulas de perito grafólogo de la policía, decide que tu firma no se parece a la del registro y se niega a hacer la transacción, con las consiguientes molestias para todos.

En mi caso el asunto se agrava por una lesión que tuve hace algunos años en la mano diestra, de manera que ya no escribo igual que antes.

Entonces vas al banco y pides buscar una solución y te dicen: “Sí, con todo gusto, firme usted aquí, pero hágalo igual que como firmó en la última renovación de su credencial del IFE” y vaya lío.

Porque en el IFE firmas en una pantalla electrónica pequeñita con un lápiz plástico en una posición sumamente incómoda, y como el funcionario electoral tiene prisa pues hay mucha fila detrás, con tal de que sea legible te dice venga, así se queda y tu no tienes conciencia de que esa prisa y esa firma se volverán un dolor de cabeza en poco tiempo.

Voy de acuerdo en que es necesario contar con medidas de seguridad a fin de que no se presenten falsificaciones y alguien se pueda quedar con tu dinero, pero también es necesario emplear el criterio y buscar soluciones para quienes van aumentando en los años y empezando a padecer este tipo de problemas.

Si al acudir al banco te hacen firmar frente a un funcionario de la institución en dos ocasiones en un papel, ¿por qué no aceptar esa firma e insistir en que tiene que parecerse a la “triste” (aquí coloque la palabra que está pensando) firma del IFE? ¿De qué carambas sirve el que te pidan que coloques tu índice derecho e izquierdo en un lector de huellas digitales si eso no vale porque tu firma no se parece a la que te hicieron hacer en una pantallita electrónica?

Terminas por comprender que hay días en que el Covid, el cambio de gobierno, los problemas económicos, la inseguridad o si los Tigres perdieron el Clásico pasan a segundo término, porque tienes problemas más graves qué resolver como tu firma en el banco para volver a emitir un cheque.

ftijerin@rtvnews.com