Por Félix Cortés Camarillo

Nadie, en todo el mundo, puede llamarse a sorpresa ante el ejercicio indiscriminado, brutal, casi gozoso, de la violencia que patrulleros de la frontera de los Estados Unidos ejercen en contra de los migrantes haitianos que tratan de sobrevivir a ambos lados del Río Bravo a la altura de Ciudad Acuña. Coahuila. Ejemplos abundan en la historia urbana de Norteamérica de la forma salvaje en que policías de todo rango someten a todo sospechoso de haber violado alguna disposición legal o administrativa.

En la óptica del sentimiento, en el caso de los policías montados arreando a una manada de humanos, se añade el telón de fondo de la miseria que ha traído por meses a esos haitianos -y si no son haitianos para el caso es lo mismo- a volar, caminar, desplazarse de algún modo, decenas de miles de kilómetros en pos del sueño americano.

Fueron cruelmente engañados, dice el canciller mexicano Marcelo Ebrard de los haitianos que creyeron a sus traficantes diciéndoles que las puertas de los Estados Unidos estaban abiertas por disposición del presidente Biden para obtener la residencia y más tarde la ciudadanía anheladas. Tiene razón: la amnistía de Biden para los aspirantes a asilo humanitario, si es que existe en realidad, aplicaría solamente a los migrantes que ya están en territorio de los Estados Unidos y ante jueces de migración cuyo veredicto no es predecible.

Sí, efectivamente fueron engañados por los polleros. Pero fueron engañados también por el jefe de don Marcelo Ebrard, el presidente López, quien cuando esta explosión migratoria tronó se aprestó a decir que los migrantes eran bienvenidos en México, que podían pasar libremente por nuestro terreno y que si querían quedarse aquí iban a encontrar casa y trabajo. Quien requiera más datos los puede encontrar entre otros documentos oficiales en la transcripción de la mañanera del 20 de febrero de 2020.

El engaño tiene otras formas de manifestarse. En la frontera del sureste mexicano los agentes del Instituto Nacional de Migración no montan a caballo ni traen fuetes, que llaman bridas, en la mano, pero los cabronazos que reparten con macanas a los migrantes que quieren entrar a nuestro país duelen igual que los que regalan los émulos del Llanero Solitario en la ribera del Bravo en el sur de Texas, al grito de Hi-Yo. Silver.

Todos los aviones que sean necesarios para regresar a Haití revuelto y miserable a los migrantes incómodos serán usados por el gobierno de los Estados Unidos para ese fin desde San Antonio y McAllen, por lo pronto. Todos los aviones que ordene el Departamento de Estado de los Estados Unidos para repatriar a los haitianos desde Coahuila o Nuevo León, serán aportados por el gobierno de México para quitarle a la Border Patrol esa molestia.

Faltaba más.

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): con todo respeto, señor presidente, muchas felicidades por el jonrón de oratoria con bases llenas que se aventó ayer en su mañanera, que yo sintetizo en una frase que usted ufano pronunció: no me gusta opinar. ¡Excelso!

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