Por Carlos Chavarría

Al igual que el Ricardo III de la obra de William Shakespeare que hizo todo para alcanzar el poder para luego tener que dejarlo con más pena que gloria, el gobernador saliente de Nuevo León muy tarde lamenta su fallido intento de pasar a la historia.

Que triste posición la de un gobernador que ni siquiera tiene el consuelo de algún enemigo a la vista a quien culpar por su muy personal y gris gestión de un estado como Nuevo León. Claro que existe el recurso de culpar al gobierno federal, pero los números lo desmentirán.

El insalvable Principio de Peter se dejo sentir con toda su fuerza en la persona de Rodríguez Calderón, buen alcalde, mal gobernador.

Fue tanto el desprecio que  cultivo Medina a su alrededor que se convirtió  en el antivalor y centro emblemático del discurso electoral de todos y en el mas acendrado infantilismo, supuso el de a caballo que con eso bastaba hasta para ser presidente de la república.

Todos los años de experiencia y mañas aprendidas en el viejo PRI parece que no dejaron ningún residuo útil en la mente del independiente y de los miembros de su Club de Tobi, perdón, de su gabinete.

No solo hay que parecer muy rupturista y de avanzada como lo pretendió Rodríguez Calderón, sino tener imaginación que se traduzca en un esquema concreto de acciones, proyectos y programas listos para ejecución desde el primer día de gestión, caray, para eso son las campañas electorales, se diagnostica y diseña el plan de gobierno.

Resultaron ser como aquel jovencito que todo el tiempo gritaba que le dieran juego hasta que le toco y simplemente  dejaron ir su oportunidad.

En todas sus reuniones siempre fue el mismo proceso, de candidatos o de gobierno. “Que la sociedad nos diga y nosotros actuaremos, porque cambiaremos todo para después retirarnos a otra cosa”. Pues bien, la sociedad habló, pero ellos  estaban nublados por el confeti y las serpentinas de triunfo electoral, aunque resultase perdida neta para Nuevo León y nada cambió.

El ejemplo más palpable fue el transporte. Su oferta increíble fue “acabar con las 8 familias”, que según ellos controlaban el servicio, con la simple estrategia de no ajustar los precios de ningún servicio, sea metro, autobús, taxis, etc. Hasta se trajeron la maravillosa idea de unas motonetas que resolverían de tajo el problema. Conclusión, el servicio transporte desapareció y el metro esta en ruinas.

Combatieron con todo el proyecto de traer agua del Rio Pánuco porque según sus cálculos ellos podrían resolverlo sin inversiones importantes el abasto de agua de los próximos  30 años. Conclusión: no tenemos agua, pero sí las tarifas más altas para ese servicio.

Capitalizó con gran habilidad un atentado (¿?) que sufrió y que lo convirtió en el nuevo Cid Campeador defensor de Nuevo León. Conclusión: la violencia está desbordada.

El recuento de daños ya quedó registrado como pendientes para la administración que le sucederá y él tratara de presentar su fracaso como éxito, pero los costos los tuvimos que pagar todos.

Quizá uno de los mayores daños que han causado fue el de desgastar el concepto y confianza en las candidaturas independientes.

Ante la crisis ideológica y de innovación por la que atraviesan todos los partidos políticos, su candidatura independiente fue un recurso crucial para diseñar toda su estrategia electoral, ahora ante los pobres resultados pasará mucho tiempo para que en la  imagen colectiva vuelva a verse como respuesta viable a nuestros problemas.

De nueva cuenta nuestro sistema democrático mostró uno de sus peores lados, la excesiva concentración del poder en una sola figura sin control y pocas o nulas posibilidades de corregir el rumbo es solo tiempo perdido y garantiza la agudización de los problemas.