Por Félix Cortés Camarillo

Y en todo lugar.

Si la historia fuere, como con frecuencia me parece que lo es, como en el caso de la venganza del fiscal Gertz contra el antiguo Conacyt, una sucesión de anécdotas y ocurrencias, mi estado suele volarse la barda en los últimos tiempos. Hablo de Nuevo León.

La semana que inició ayer marca la lenta y triste despedida de lo que prometía ser una irrupción espectacular, montura incluida, al Palacio de Gobierno en Monterrey, de un gobernador nominalmente sin partido que se hacía llamar «El Bronco». Este fin de semana se marchará a sus terrenos nada estrechos el gobernador más gris y triste que haya tenido Nuevo León.

Y eso de que los ha habido…

De Jaime Heliodoro Rodríguez puede decirse, con las reservas a las que la política mexicana obliga en lo que toca a patrimonio económico, lo que decía José Martí de ciertos hombres: «aquel que enemigos no tenga, señal es que no tiene ni talento que haga sombra, ni carácter que impresione, ni honra de la que murmuren, ni bienes que se le codicien, ni cosas que se le inventen.»

Como hace seis años, en un ritual que heredamos a los aztecas, se acaba el calendario y comienza un nuevo sol. La esperanza renace, esta vez en un hombre que en apariencia tiene talento que hace sombra, carácter que impresiona y bienes que se le codician. De la honra y las invenciones ya nos iremos enterando en los años que vienen.

Una de las peculiaridades del sexenio por iniciar en Nuevo León con el joven gobernador Samuel Alejandro García Sepúlveda será indudablemente la presencia ejecutiva de la mujer. No de la mujer en abstracto: de SU mujer, Mariana Rodríguez.

Es de aplaudir la anunciada decisión de ella de no usar el título obsoleto de primera dama y el nombramiento más bien simbólico de presidenta del DIF; doña Mariana va más allá y ha declarado que desde su unipersonal y no gubernamental oficina Amar a Nuevo León, según el periódico El Norte, va a poder «trabajar con todas las secretarías, no nada más limitarme a una cosa». Todos sabemos el peso que tiene la llamada de la esposa del gobernador. En el cielo, en la tierra, en todo lugar.

En la Presidencia de la República, México ha conocido todo tipo de primeras damas. Desde las discretas de Ruiz Cortines, Alemán o De la Madrid, hasta la ambiciosa Martita Sahagún, pasando por la frívola Romano de López Portillo. En la administración presente el presidente López tiene una esposa que busca –y obtiene en la práctica– fuerte protagonismo, por ejemplo en la venganza contra España.

Nuevo León se ha mantenido en la línea de las primeras. Eso también va a cambiar.

Es voz pública que en una medida que cambia según quien haga la evaluación, un gran porcentaje de votos obtenidos por Samuel se los debe a Mariana; él lo sabe y me temo que en lo más recóndito de su corazón no le hace mucha gracia.

Pero por otra parte la modernidad inevitable obliga a reconocer el papel preponderante de las mujeres; incluso y sobre todo en las parejas. Y aquel que diga que su mujer no está en primera fila de todas las decisiones en el cielo, la tierra y todo lugar, que me arroje la primera piedra.

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): con todo respeto, señor presidente, en el infame, vulgar, impublicable mensaje tweet abundante en palabras malsonantes que usted se apresuró a leer en público, no se menciona nombre propio alguno; ¿cómo dedujo usted que esas vulgaridades se referían a su señora esposa y a usted mismo? ¿No se dio un balazo en el pie?

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