Por Félix Cortés Camarillo

En 1979, la señora Margaret Thatcher marcó un hito en la historia de la Gran Bretaña, Europa y el mundo entero: se convirtió en la primera mujer que ejerciera el cargo de primer ministro del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, cargo que disfrutaría durante once años de mando avasallador y popularidad vasta. En contraste, sus últimos años fueron sombríos e ingratos, inmersa como estuvo en la demencia senil y problemas de infartos cerebrales que le hicieron morir en el 2013. Se le recuerda como la Dama de Hierro por la firmeza de su mando ante el gabinete y lo radical de sus medidas liberales: privatización de las empresas del Estado, liberalización de las políticas, rechazo a la Unión Europea, pero aceptación de las ventajas de su mercado.

A pesar de disparidades en el tiempo, es imposible no establecer relación de vidas paralelas entre Margaret Thatcher y Angela Merkel, quien está en proceso de dejar el cargo de canciller –esto es jefe de gobierno– de Alemania, que ejerce desde 2005. La última mujer que gobernó lo que hoy es Alemania lo hizo en el siglo décimo, con la emperatriz Teófano Sleraina entre los años 956 y 991.

Angela Merkel nació en Hamburgo, entonces Alemania Occidental, pero la iglesia luterana de su padre, que era pastor, le asignó una parroquia cerca de Berlín, pero del lado de la República Democrática Alemana, Alemania Oriental, cuando Angela era bebé. Ahí creció, estudió, se graduó en la Universidad de Leipzig e hizo un doctorado en Berlin Oriental.

Tanto Merkel como Thatcher ejercieron una mano férrea sobre el gobierno y Merkel sobre el parlamento, al través de sus partidos; Merkel no pudo ganar sola en 2005 con su partido el Demócrata Cristiano CDU y su aliado el Social Cristiano de Baviera CSU, y tuvo que hacer alianza con el SPD, el partido Social Demócrata de Gerhard Schröder, su antecesor.

Así ha gobernado por 16 años el país más poderoso de Europa; sin embargo, la señora Merkel se ha convertido de hecho en la lideresa de la Unión Europea, apoyándose en el eje Berlín-París. Después de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, ella y el presidente francés Emmanuel Macron encabezan la refundación de la Unión Europea. Eso ha hecho que la señora Merkel, según la revista Forbes, haya sido cuatro años nombrada la mujer más poderosa del mundo.

Después de su reelección en el 2017, la señora anunció que no se presentaría a una quinta reelección. De esta manera, la era Merkel está terminando. Ni el social demócrata Olaf Scholz ni Arin Laschet, de la coalición CDU/CSU, tienen los suficientes votos para ocupar la oficina de la señora Merkel. Serán los votos de los minoritarios liberales y verdes los que decidan la votación, que en sus negociaciones pueden prolongarse hasta navidades.

Del paralelismo de estas dos notables señoras y de la realidad del desarrollo político europeo se desprenden dos lecciones que los mexicanos no debiéramos dejar pasar inadvertidas: Los tiempos de los partidos aplanadora están en proceso de extinción en todo el mundo. La política será cada vez más el arte de la conciliación, las alianzas y las negociaciones

En segundo lugar, que desde que en 1960 Sirimavo Bandaranaike en Ceylán rompió el monopolio de los machos en el poder, las mujeres han venido pisando cada vez más fuerte. Como las señoras Thatcher y Merkel.

A la vista de las manifiestas preferencias del presidente López por la señora Claudia Scheinbaum,  si las cosas siguen como van y el presidente López va a tener un papel importante en su sucesión, hay que entender el mensaje.

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): el otro día leí en las tablas que encierran el pedestal donde estuvo la estatua de Colón en la glorieta que seguirá siendo llamada así sobre Paseo de la Reforma, una pinta denunciando al Descubridor como genocida de los mexicanos. Con todo respeto, señor presidente, ¿podría decirle a sus fans (esto viene de la palabra fanáticos) que Colón nunca pisó territorio mexicano? Vamos, ni siquiera llegó a tierra continental.

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