Por Félix Cortés Camarillo

Nos encontramos en un marasmo de confusiones que ni siquiera es intencional y casi siempre es explicable.

Los sombreros de pajilla que se llaman panamá se hacen en Ecuador. Llamamos chile habanero a un picante que los cubanos no han visto –ni comerían– en su vida. Al vapor Titanic le bautizaron como el inhundible, y en las Islas Canarias no hay canarios sino volcanes en erupción. De las Islas Vírgenes mejor ni hablamos: todas ellas no son más que un enorme paraíso fiscal muy visitado por los capitales turistas de todo el mundo.

Sin embargo, el laberinto extiende sus callejones más allá de la trivia. Y en la política, ya se sabe, nada es casualidad. Todo ha sido perfectamente meditado.

En este país nuestro al retroceso se le llama transformación y con eso nos hace sospechar que las luchas de la Independencia, la Reforma y la Revolución fueron meros fenómenos reaccionarios, como el actual. Cosa que, pensándolo bien, no está del todo equivocada: que no se nos olvide que la independencia de México se hizo en defensa de un rey español y fue encabezada por los criollos envidiosos del mal trato que les daban los peninsulares. La reforma la hizo un señor cuya obsesión por el poder reeleccionista fue detenido solamente por la angina de pecho en una recámara hoy muy célebre en Palacio Nacional. La Revolución Mexicana la inició la burguesía de los hacendados coahuilenses que luego iban a hacer un ríspido marrascapache que se llamó Madero Cinco Equis.

A la demagogia cotidiana y mañanera hemos de llamarle diálogo circular. A los discrepantes del discurso oficialista, fifís, neoliberales y traidores a la Patria. Todo habitante de la colonia del Valle en la Ciudad de México debe ser conocido como reaccionario y los que estudiaron en universidades del extranjero ignorantes apartados del pueblo sabio. La pobreza es la virtud máxima y el afán de superación un vicio infame.

Toda la clase media mexicana es una gavilla de aspiracionistas, egoístas y racistas y lo único que aportó la Conquista a los mexicanos fueron los piojos y la viruela, a cambio del oro y el chocolate.

¿Cómo es posible que hayamos vivido tantos años en las tinieblas y la ignorancia? ¿Cómo es que nunca apareció un iluminado antes que nos abriese los ojos?

¡Alabado, señor presidente, la luz se ha hecho en mi interior. Le prometo que votaré porque usted siga en el poder por los siglos de los siglos!

Amén.

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): señor presidente, con todo respeto: Usted tiene que entender que para tener de los Estados Unidos un trato fraterno, de iguales y comprensivos vecinos y socios, el gobierno mexicano debe tener una actitud fraterna, de iguales y comprensivos vecinos y socios.

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