Por José Francisco Villarreal

El chico llamado Sun Wu, luego fue don Changqing, y finalmente fue conocido como Maestro Sun, hoy es una leyenda milenaria. Unos historiadores sólo coinciden en que fue chino, nacido antes de que China fuera un imperio unificado. De ahí en fuera, no saben ni cuándo nació; eso sí, fue antes de Cristo… ahí escojan. Otros historiadores juran que es un mito, que no hubo tal persona. Pero existiera o no don Sun Tzu, el libro que se le atribuye es muy real. Llamamos al texto “El Arte de la Guerra”, aunque más que a un arte, “Sun Tzu Bing Fa” se refiere a un método para dirigir a un ejército; es decir, un tratado de estrategias militares. Porque en eso de que la guerra sea un arte, difiero. ¿Estética en una carnicería? ¿Belleza en una masacre? Como que no.

Pues el hipotético Maestro Sun sugirió que para evaluar al enemigo no hay que fiarse ni de adivinos ni de fantasmas, no ser “ideáticos” diría mi agüela. Hay que enterarse de todo sobre el adversario antes de decidir si atacar, negociar o huir. Y para eso recomienda el espionaje: “Existen cinco clases de espías: el espía nativo, el espía interno, el doble agente, el espía liquidable y el espía flotante. Cuando están activos todos ellos, nadie conoce sus rutas: a esto se le llama genio organizativo, y se aplica al gobernante”.

Hay en el Maestro Sun un elemento de fría serenidad que me da la impresión de que no existe en escritores militares occidentales. Tendría que repasarlos, pero la pasión de la carga feroz del guerrero occidental permea a los mandos. Alguna vez leí que Von Clausewitz (s. XIX), por ejemplo, considera importante el factor “odio” en una guerra. No sé qué escribió de los espías, pero hasta para el Maestro Sun el espionaje como recurso estratégico es demasiado obvio. Sargón I construyó el imperio Acadio usando a los mercaderes como espías. Yahveh instruyó a Moisés para enviar espías a Palestina. Josué metió un par de mirones en Jericó. El griego Efialtes sirvió al persa Jerjes para derrotar a los espartanos en las Termópilas… y así.

Lo que sí queda claro es que todo acto de espionaje implica una guerra declarada o potencial. Además, si se descubriera sólo uno de los tipos de espías que clasifica en Maestro Sun, es más que posible que estén operando ya los otros cuatro. Detectar espionaje es ya por sí “casus belli”; el motivo para declarar la guerra está ahí, toca al afectado determinar cuándo y cómo declararla, o no hacerlo.

El flamante gobernador García está en ese brete; no le hizo mucha gracia descubrir un micrófono oculto en una de las dependencias estatales. Es sin duda un “casus belli”, y difundir el hecho es hacer consenso popular para una declaración de guerra. Por las vías legales tal vez, pero es una guerra. Supongo que ya debe estarse escaneando el Palacio de Cantera desde sus cimientos para descubrir otros posibles artefactos que el Maestro Sun tal vez clasificaría como una especie “espías flotantes”. Aunque se sospeche el origen de esos actos, no se tiene seguridad aún (lo obvio no siempre es lo verdadero). Tampoco del alcance y la sofisticación de esta estrategia dirigida contra el nuevo gobierno estatal. La información recabada por ese medio, si es que se logró recabar, puede ser sensible, pero en apenas unos días de gobierno podría no ser demasiado útil. Lo más difícil al iniciar un gobierno que enfrenta la devastación por todo tipo de vicios administrativos es la reorganización; la información en este momento tiende a ser caótica.

Si se presupone que detrás del espionaje al gobierno estatal hay verdaderos estrategas, debe considerarse que deben estar operando también otro tipo de espías. No es necesario leer al Maestro Sun para que, por sentido común, desplieguen los otros cuatro tipos de espías. Esa red es factible, la transición administrativa con gente nueva por todas partes crea incertidumbre y descontento entre los que ya estaban. No es fidelidad al gobierno que se fue, es la resistencia a cambiar rutinas y a delegar las funciones que se tenían. Esa nostalgia laboral es casi atávica; conozco personas que aún añoran a don Porfirio. Incluso, entre los nuevos empleados y funcionarios, siempre habrá alguno que piense que merecía más. Hay muchos puntos débiles aún en donde se puede infiltrar una eficiente red de espionaje.

Aunque se pueda suponer que el origen de esta estrategia está en el exgobernador Rodríguez, tampoco se puede tener certeza. Durante seis años hubo tiempo suficiente para crear grupos de intereses dentro y fuera del anterior gobierno. Conservar sus privilegios es vital para ellos. Y quién sabe si ese micrófono también espió al gobierno anterior. Si el exgobernador fuese el instigador del espionaje, más que sabotear o atacar al actual, su prioridad sería defenderse. Necesita anticiparse a cualquier medida que revuelva las entrañas de su indigesta gestión, que es tanto o más sospechosa de corrupción que la de Rodrigo Medina. Lo positivo es que, al tener sólo un objetivo, no afectaría mucho la organización y operación del nuevo gobierno. Pero si fuera responsable y ese fuera el motivo del espionaje, descubrirlo es ya, insisto, “casus belli”.

Ahora que, si fueran otros los espiones la cosa sí se complica, porque es evidente que pretenden infiltrarse y operar, o seguir operando desde la administración estatal. Eso sí es un asunto muy delicado de seguridad, porque de entrada se compromete el proyecto que se pretende aplicar y que fue el compromiso del gobernador García. Cualquiera que sea el origen de ese espionaje, lo prioritario es descubrir sus alcances, porque, vuelvo a repetir, existe el riesgo de que no sea un caso aislado. Un micrófono oculto es relativamente útil porque tiene un alcance de monitoreo muy limitado. El verdadero riesgo está en los otros cuatro tipos de espías que menciona el Maestro Sun: un staff de burócratas resentidos que se hereda, los nuevos empleados de cualquier nivel pero inconformes, los mercenarios, y los que se apresuran, solícitamente, a dar información que pareciera comprometer a la administración anterior. Y eso que todavía no hablamos de sabotaje.

Si el gobernador García fue tan astuto como para ganar una elección tan importante, supongo que debe serlo también como para investigar si hay una red de infiltrados y, si la hay, qué tan bien organizada está. Cosa de leer un poco al Maestro Sun antes de invocar el factor “odio” que describió don Carlos Von Clausewitz. Bastaría con una dosis razonable de paranoia.

En lo personal, la estrategia de la guerra me fascina, ¡pero en películas y videojuegos! La guerra, llevada a la política y a la economía, afecta menos a los que se denuestan públicamente y más a todos nosotros, que vemos el espectáculo con ojos de plato. Por eso yo, con el debido respeto a las facciones en pugna y los indignados espectadores, prefiero cultivar el arte de estar harto de la guerra, de cualquier tipo de guerra, así le llamen arte a ese salvajismo, o la disfracen de activismo en la política.