Por Obed Campos

«Nuestra sociedad es un buen proyecto para el mal.» // Víctor Manuel

¿Y el nuevo Nuevo León…? Ah, se quedó en el papel y en el cielo de las quimeras, porque, como dice mi querido Plácido Garza, le platico:

Resulta que ayer me enfrenté a la maraña burocrática que encabeza un tal Abelardo García González, o “el licenciado”, como me dijeron en el teléfono 070, donde, francamente encabronado, consulté el nombre del nuevo director del Registro Civil en Nuevo León.

La historia de esa dependencia, desde que yo tengo memoria, ha estado empantanada… O quién puede olvidar el caso de los “cachirules”, aquellos jovencitos que a finales de los ochentas les alteraron sus datos de nacimiento para que pudieran competir en un torneo de futbol, y lo digo nada más por poner un ejemplo.

Los que me conocen de cerca saben que soy, aparte de periodista comprometido, un devoto padre de familia, y aunque, como dice mi compadre Paco Tijerina “elogio en boca propia es vituperio”, cuando se trata de mis hijos, doy el 100 y el resto.

Ahora se ofreció sacar un acta de nacimiento de Jacob, el menor, quien tiene 10 años y no me acuerdo que hayamos batallado nunca para conseguir el dichoso documento, ni con él ni con sus hermanos mayores…

Es más, se la pongo peor: de los ocho hermanos Campos Guzmán hijos de Román y Amparo, yo soy el que tengo los nombres más difíciles (me llamo Obed Gildardo, y créame que no me cae bien mi segundo nombre) pero reconozco que soy el único que nunca he tenido líos con mis actas ni documentos oficiales. Porque lo que son mis hermanos y hermanas, todos han recurrido a juicios de rectificación.

Pero no le quiero aburrir. Le decía que desde el domingo me propuse sacar el acta de nacimiento del menor de mis vástagos, porque se va a ofrecer este miércoles para un trámite oficial y, como siempre, nos van a pedir un acta de nacimiento “actualizada”, como si la identidad caducara…

Al pardear la tarde del domingo, fuimos mi esposa y yo a las dos máquinas que expenden actas del Registro Civil, en las oficinas de Washington y Doctor Coss. La visita fue en vano, porque, aunque estaban encendidas las dos máquinas ninguna funcionaba.

Pero para esto ya habíamos tratado mi esposa y yo de hacer el trámite en línea, como en otras ocasiones, pero sin lograr nuestro cometido, porque el sistema del Registro Civil de Nuevo León estaba marcando error y era mejor que lo hubieran dejado fuera de línea.

Así que, me armé de valor y de paciencia (y también de morralla, porque ya conocemos el percal) y a media mañana de ayer lunes llegué al estacionamiento de Pabellón Ciudadano, dispuesto a todo, incluido a terminar con la lengua de corbata por aquello de que hay que caminar casi un kilómetro y subir escaleras infinitas.

Llegando a la puerta del recinto, y ante la copiosa fila, le pregunté a un empleado si había el sistema de cajeros automáticos como en Washington y Doctor Coss y me dijo que sí, nada más que había que salir del edificio y darle la vuelta a la torre, porque por cuestión de la pandemia nada más estaba habilitada la puerta que da a Washington… Así que allá voy…

Y de nuevo, la lengua de corbata o de nudo del ahorcado, como usted quiera, para darme cuenta de que el cajero que expende las actas de Nuevo León estaba indispuesto, y así lo señalaba un papel garabateado.

A un lado del cajero “enfermo” una máquina similar del Gobierno de Tamaulipas daba el servicio de las actas para los ciudadanos de esa entidad que así lo requieran.

Regresé hecho una piltrafa, furiosa, pero piltrafa a reclamarle ¿a quién?

Un empleado de administración me dijo que el módulo de quejas de la Torre tiene meses en el abandono y que las filas para los trámites del Registro Civil se dan, porque de las ocho o diez cajas, solamente están funcionando dos.

Y del tal Abelardo García González, o “el licenciado”, nadie supo darme razón, porque su majestad no se ha dignado ni siquiera a visitar su nueva oficina o a pasar revista de los empleados a su cargo… Menos iba a saber si las máquinas expendedoras de actas funcionan o no.

Qué bueno que esto es el nuevo Nuevo León. Ya sabe uno a qué atenerse, pensé, mientras llamaba a un familiar en Allende, quien me hizo el favor de sacar una copia del acta de marras en la pequeña oficina del Registro de allá, que, esa sí, siempre funciona… Y la atienden seres humanos, no máquinas descompuestas, ni burócratas que seguramente saldrán con la jalada que apenas van llegando al cargo, al que arribaron haciendo la promesa de bajarnos el cielo, la luna y las estrellas.

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