Por Félix Cortés Camarillo

El presidente López hizo referencia ayer por la mañana a un pleito sucesorio que a pesar del volumen de dinero involucrado, ha sido objeto de poca atención. La herencia de Jenkins en Puebla.

En 1901, pobre y recién casado, llegó a Monterrey un tal William O. Jenkins, quien obtuvo empleo en los ferrocarriles y luego en una empresa minera. Cuatro años después, con su esposa Mary se mudaron a Puebla y a los negocios del azúcar y los textiles; con el azúcar llegó la prohibición en los Estados Unidos y para Jenkins el negocio del alcohol. Se convirtió muy pronto en el hombre probablemente más rico de México en la primera mitad del siglo veinte.

Entre las palancas que le llevaron ahí se encuentra la cercana relación con los Ávila Camacho, sus protectores y socios, y con Gabriel Alarcón y Manuel Espinosa Yglesias, sus socios y brazos ejecutores. Con Espinoza Yglesias se hizo del Banco de Comercio. Con Alarcón hizo la empresa de cines Cadena de Oro, cuando la exhibición de cintas comenzó a ser negocio.

A la muerte de Mary Street Jenkins su marido estableció una fundación benéfica que lleva su nombre; ya se sabe que cuando los muy ricos sienten cierto remordimiento o requieren ciertos encubrimientos les da por la filantropía.

El testamento de Jenkins, para mí ejemplar, reza lo siguiente, según me dicen: «nadie con capacidad de trabajar debe gastar dinero que no haya ganado con su propio esfuerzo…y declara que es expresa su voluntad no dejar a sus hijos herencia alguna».

Debe ser cierto, porque desde 2013 hijos y nietos del señor Jenkins han pugnado en tribunales varios y con procedimientos chuecos anular la decisión del patriarca. Han sido prófugos e impugnadores, conspiradores y golpistas. La joya de la corona, titular de la fortuna en apariencia parece ser la Universidad de las Américas, Puebla, institución de educación superior que goza de cierto prestigio y pertenece a la mencionada Fundación Jenkins. Luis Ernesto Derbez, miembro del gabinete de Felipe Calderón, fue su último rector conocido.

Todo este menjurje cayó ayer en la mañanera de López Obrador, y su cómoda respuesta fue, no equivocado, que este es un pleito de familia, en el que el Ejecutivo Federal no tiene vela en el entierro, salvo lo que corresponda a la Fiscalía. Pero no fue el único asunto de familia del que habló López Obrador: la brutal represión policiaca en su proyecto consentido de la refinería Dos Bocas sobre los trabajadores de ICA que hacen la refinería, fue estimada por el presidente López como un pleito de dos sindicatos por la titularidad del contrato. La secretaria de Energía, Rocío Nahle, había ido más allá: dijo que los trabajadores inconformes eran apenas diez.

Ahora bien, hubo otro asunto di famiglia, que diría Mario Puzzo y que -este sí- le llega mucho al presidente: la sucesión del 2024. Sin decir nombres que todos sabemos, el presidente López simplemente dijo que este asunto de familia se resolverá, porque lo dice él, mediante una encuesta.

Ojalá que los otros conflictos, en donde conociendo el perfil de los involucrados, puede haber sangre, se resuelvan con una encuesta de opinión. Éste ya está resuelto, cree el presidente López.

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): con todo respeto, señor presidente: ¿quién le inventa tantas mentiras contra los distribuidores de gas?

‎felixcortescama@gmail.com