Por Félix Cortés Camarillo

Con toda honestidad debo decir que son muy pocas las afirmaciones del presidente López que considero verdaderas. Notoriamente lo suyo son verdades a medias de frágil sustento, generalmente derivadas de su muy personal convicción. En otros casos son mentiras plenas, que cuando son cuestionadas con fundamento las refuta con su «yo tengo otros datos».

Pese a ello, considero que no miente al decir que el deporte de sus amores es el béisbol y que su simpatía es para los Dodgers -que por cierto eso en inglés quiere decir elusivos, huidizos, taimados- de Los Ángeles, California. Con base a eso, y a pesar de que el equipo californiano fue eliminado la semana antepasada por los Bravos de Atlanta en la línea final hacia la llamada Serie Mundial, estoy seguro de que esta tarde de martes, y eventualmente mañana miércoles, Andrés Manuel López Obrador estará viendo las transmisiones del campeonato del que sus aficionados llaman el rey de los deportes.

Esta noche de martes o a más tardar mañana, el equipo de los Astros de Houston o el de Bravos de Atlanta será el campeón. Sea esta noche o mañana, en el momento en que caiga el último out del partido, de la nada saldrán en el estadio texano donde juegan esta tarde, como es costumbre, torrentes de camisolas o playeras, pero especialmente cachuchas, con la orgullosa inscripción de Serie Mundial 2021: Braves Campeones; caso contrario Serie Mundial 2021: Astros Champions.

Todos estos objetos que inmediatamente se harán de colección, ya fueron ordenados a sus fabricantes por uno y otro propietario del equipo en cuestión. Su diseño y manufactura es cosa del pasado. Ya se encuentran desde esta noche en bodegas de los parques donde se decide la liza esperando la señal de salida al mundo.

El doloroso revés de la diosa Fortuna, es que solamente una de las versiones de las celebratorias prendas verá la luz; las del equipo perdedor serán vistas por muy pocos y supongo que su destino final será algún horno crematorio para las vergüenza de los vencidos: para mi gusto, tendrían un cierto valor para los coleccionistas, pero ese no es mi oficio.

Lo que sí me queda claro es que la vida política copia con frecuencia los hábitos de los deportes masivos. Por lo menos en México, las campañas electorales se distinguen por la abundancia poco creativa de estandartes, pancartas, calcomanías y cachuchas, muchas cachuchas con el nombre del posible ganador. En el caso de los políticos, el patrocinio abierto o por debajo de la mesa de esos objetos de propaganda corre a cargo de simpatizantes que luego cobrarán su simpatía al candidato empoderado.

Me gustaría saber cuál fue el destino de las camisetas que proclamaban hace años Mario Moya Presidente, o las camisetas que celebraban la presidencia de Francisco Labastida, ya no se diga Meade o Anaya. No creo que los que lo conocen vayan a revelar tan vergonzoso destino.

El canciller del gobierno mexicano, Marcelo Ebrard, y la gobernadora de la Ciudad de México Claudia Sheinbaum ya andan en campaña en pos de la presidencia de la república una vez que el presidente López deje la silla, si es que la deja. Ebrard en los foros internacionales se hace acompañar por un achichincle en funciones de fotógrafo oportuno, para que su oficina luego haga pasar un saludo de ocasión con Joe Biden por una entrevista con el presidente de los Estados Unidos y las charlas informales con quien se deje parezca una feria de popularidad de Ebrard Cazaubón.

Claudia Sheinbaum no necesita llevar un equipo así en su gira nacional de popularidad que le llevó de extremo a extremo de la república sin que hubiera motivo alguno vinculado al gobierno de la capital del país. Presidencia de la República se lo proporciona.

No se apresuren a mandar imprimir sus cachuchas de campeón. Luego ya ven cómo acaban.

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): Debemos prepararnos para otra ola de mentiras, la de la influenza. No es cierto que todos los mexicanos hayan recibido las vacunas anti Covid: si acaso, todos los mexicanos mayores de 18 han recibido al menos una dosis. Es todo. Las mentiras sobre la vacuna de la influenza ya se están cocinando.

‎felixcortescama@gmail.com