Por Carlos Chavarría

El gran químico de origen mexicano, el Dr. Mario Molina [https://es.wikipedia.org/wiki/Mario_Molina], recibió el Premio Nobel en 1995 debido a sus investigaciones sobre la destrucción de la capa de ozono [https://es.wikipedia.org/wiki/CFC] y sus terribles implicaciones sobre la vida en el planeta.

Fue la primera vez que la humanidad pudo organizarse para luchar y acabar con una amenaza global sobre la viabilidad de la vida en la tierra. ¿Por qué ahora ha resultado tan difícil ponerse a trabajar en serio contra la nueva amenaza que representa el llamado calentamiento global [https://es.wikipedia.org/wiki/Calentamiento_global]?.

No es nueva la intención de reducir la emisión de gases de efecto invernadero y muchos se ha avanzado, pero de manera discrecional y sin que al parecer exista un acuerdo mundial sobre causas y efectos, aunque sepamos que al margen de nuestra enorme ignorancia de los procesos naturales en gran escala por su complejidad modelística, toda la actividad del hombre se agrega a lo que de suyo ocurre de forma natural en el planeta.

Prevalecen muchos desacuerdos entre los científicos, economistas y gobiernos, pero en lo que sí hay acuerdo es que lo que nosotros hacemos se suma al balance global de materiales y energía propios de nuestro planeta.

El Dr. Molina nos enseñó que una manera ya probada  de tener éxito es modificar las tecnologías de manufactura para que por diseño se eliminen las causas que producen los residuos que nos hacen daño como fueron los gases fluorocarbonados  (CFC) y se logró cambiando el diseño en los sistemas de refrigeración como los principales usuarios .

La ciudad de Los Ángeles en los EEUU consiguió la promulgación de nuevos estándares de emisión de gases de combustión en los sistemas automotrices y la tecnología se renovó, gracias ello se detuvo la degradación de su medio ambiente.

Ahora el problema se ha enfocado en la generación y consumo de energía en lo general y todo parece detenerse, en gran parte debido a que los propios presupuestos de gasto publico de todos los gobiernos del mundo se alimentan de la generación de la energía creando una simbiosis nefasta entre las sociedades civiles y sus gobiernos.

Para que se avance en el tema de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero de origen antropogénico primero deben aprender los gobiernos a no vivir de la energía como una de sus fuentes principales de ingresos y entonces desarrollar incentivos para que todos los productores se alejen del uso de productos y formas de energía que no sean de ciclo cerrado.

Por supuesto que existen muchas otras acciones que pueden aplicarse para reducir la huella de carbono de acuerdo a las posibilidades de cada país aplicase, como substitución de etanol por gasolinas, trampas de gases, uso de fuentes renovables para electricidad, etc., pero sin engañarse, por ejemplo, poco efecto tiene el uso de vehículos eléctricos si la generación de electricidad se hace con carbón.

Debe existir medios de financiamiento para lograr el éxito en todo el proceso y alinear las políticas públicas para asegurar que en corto plazo se vean cambios substanciales en este problema, no es por tanto mala idea recurrir a medios como los bonos verdes para dicho propósito.

Se pueden reunir las veces que quieran los jefes de los gobiernos pero sin acciones concretas en cada país es tiempo perdido y los costos los asumiremos todos.