Por Carlos Chavarría

Vaya que Claudia Sheinbaum es fiel al presidente, para muestra basta su más reciente pronunciación anunciando acerca de que ya no hay corrupción en los niveles mas altos del gobierno para no desentonar con su jefe real, el presidente López Obrador.

El presidente tiene principios discursivos inamovibles y giran alrededor de unos cuantos ejes temáticos que repite en su agenda diaria, esos ejes en lo general están dirigidos a un segmento de la población que es su “voto duro”, como ya bien los ha identificado el Dr. Salvador Borrego, son todos los beneficiarios de sus programas sociales que reciben diversas cantidades en efectivo y que ubican la fuente de ese dinero en el propio presidente de la república.

Ese sector de la sociedad no sabe ni le interesa la economía o las finanzas y la política es analizada en bases sobre simplificadas, ese “pueblo bueno” en lo general es maniqueo y por eso el discurso presidencial es puntual en tratar de despertar y manipular las contradicciones clasistas. Ya la historia lo juzgara por ese crimen de instigar el odio de clases que va contra el humanismo que tanto  predica.

En una inusitada reacción, el presidente corre a Santiago Nieto que tenia la muy complicada tarea de seguir la huella del dinero en los ilícitos cometidos por personajes de interés económico o político, y lo despide apelando a la fidelidad ciega ante el discurso de  austeridad que quiere venderle al voto duro.

La realidad es que el despido del antes citado no fue por una boda con invitados incomodos, la realidad es que Santiago Nieto no se adaptó a luchar contra la corrupción, pero solo de dientes para fuera y sin escandalizar demasiado.

Pero una cosa es detectar fortunas mal habidas y otra cosa es probar que sin lugar a duda alguna que así es.

Si asumimos que el presidente es honesto en su intento de acabar con la corrupción, el poner castigos ejemplares judicializando los casos es parte  del proceso, ahí como las cosas no están funcionando pues son pocos lo avances y la terca realidad es que el propio presidente los ha politizado, restando efectividad en los resultados finales.

Por ejemplo, de nada servirá  tener puros fieles e incluso haber metido al presidio a dos que tres ex funcionarios, en tanto PEMEX, como en todo el aparato de gobierno las cosas, las prácticas son las mismas que invitaron a la corrupción

No obstante el presidente habla mucho de acabar con la corrupción y honestidad, pero bien poco de cambiar sus procesos de gobierno para estandarizar nuevas prácticas y así ese intento no es más que un agregado del discurso, pero no un resultado real.

No hay que inventar el hilo negro ni hacer análisis sociológicos muy agudos sobre la propensión de los mexicanos a corromperse, ahí están las recomendaciones de la ONU sobre el tema [https://www.unodc.org/documents/treaties/UNCAC/Publications/Convention/04-56163_S.pdf] y cómo enfrentarlo hasta lograr la estandarización de nuevos procesos y prácticas.