Por Francisco Villarreal

La pasada “cumbre” norteamericana (Norteamérica es una región, no un país) ha despertado toda clase de comentarios en los tres países. No sé qué dijeron en Canadá y en Estados Unidos; no sé inglés ni francés, sólo español. Sí he leído y oído comentarios generados en México, incluso en galimatías tan astutas que se hacen pasar con bastante éxito como español, sobre todo en los medios y las redes sociales.

Como es de esperarse, hay quienes por sistema criticaron negativamente al presidente López. Y por supuesto, hay quienes, por el mismo sistema, lo criticaron positivamente. Son tan idénticos que no es fácil distinguir estos dos extremos. Son un ouróboros determinado por la exageración. Incluso ambos son bastante cautelosos en no raspar las figuras presidenciales de Canadá y Estados Unidos, usándolos más bien como referentes para ofender o exaltar al mandatario mexicano.

Ambas posturas se han vuelto un deporte nacional con más hinchas que el futbol, y hasta más salvajes y ridículas. Recuerdo hace muy poco la avalancha de críticas a López por pedir dinero para los pobres en la ONU; poco después, un diputado federal (no-amigo de López), pidiendo dinero en el Congreso de la Unión para los niños huérfanos del Covid. La misma limosna, pero en diferentes dimensiones donantes. Así es de contradictoria nuestra clase política.

Yo no sé si los delegados en la ONU se pitorrearon en privado a López, pero no recuerdo que lo hicieran en público ni que tacharan de estupidez su propuesta, si acaso algunas potencias se evadieron, como si la seguridad del mundo sólo fuera un asunto de armas. En México sí atacaron a López, y no fue sorpresa, no esperábamos menos de los mismos de siempre. Igual hubo los otros, los que casi canonizan al presidente. También, los de siempre. Al final, la postura más sensata estaba en la mismísima propuesta de López en la ONU, así, sola, sin halagos ni vituperios. Porque la pobreza sí es un asunto urgente de seguridad mundial, por la sencilla razón de que es más letal que las armas.

Esta vez la “cumbre” captó la atención no tanto por los temas sino por la compañía. México mandó a un presidente sin el “glamour” de Peña. De aspecto modestito más bien, respondón, informal, leguleyo y con una oratoria desesperante. Monolingüe además (¡Qué vergüenza!). Creo que hasta los más fervientes admiradores de López esperaban un desastre, e incluso alguna burla de los mandatarios, como aquella de Obama y Trudeau a Peña.

La reunión no me pareció tan encumbrada, cumbre sería en la Ciudad de México a más de 2 mil metros sobre el nivel del mar. Vi una razonable formalidad y algunos signos y palabras amables para López, un poco más allá de la cortesía protocolaria. Me dio la impresión de que Trudeau y Biden estaban más a gusto por estar con López, que López por estar con ellos.

Yo no diría que la reunión fue un éxito. Lo diré cuando la vea concretada en acciones. Fue una reunión entre pares, entre mandatarios, que ya es decir bastante considerando que Canadá y Estados Unidos son dos potencias muy soberbias. Y es decir mucho si revisamos que hay muchos desencuentros de México con ambos países, sobre todo con sus empresas e intereses políticos instalados en nuestro país.

Esta pequeña cumbre en esa lomita que es Washington, me hace pensar en que los querientes y malquerientes de López han causado tanta estridencia nacional, que no acabamos de enterarnos cuál es la verdadera posición de México y del presidente López en el contexto político internacional. En el contexto económico sí es notorio. Hasta el más ciego y sordo sabe que somos un campo de batalla, y el más corto de entendederas puede identificar a los mercenarios mexicanos en esta guerra.

Para los obcecados fanáticos “chairos” y sobre todo para la esquizofrénica oposición, será difícil explicar razonablemente la diplomática deferencia con la que Trudeau y Biden trataron a López, e incluso los propios delegados en la ONU. Para ser un país dizque “venezolanizado” por un “dictador” presuntamente “comunista”, se esperaría que López fuera ninguneado como a un Maduro, un Díaz-Canel o un Morales cualquiera. Y no sólo no fue así, además hasta quedaron en repetir el sarao presidencial en México, donde seguro habrá tamales de chipilín, chinchimitos y peje sudado en hoja de momo, para tan distinguidos huéspedes. Una cumbre de líderes de Norteamérica que había perdido continuidad (y seriedad) y en la que de nuevo se evidenciará un “fracaso”; sí, pero el fracaso de los mexicanos en ver más allá de nuestras narices y darnos cuenta que tal vez no estemos mejor que antes, pero parece que políticamente ahora sí se nos respeta, un poco al menos. ¡Ah!, pero somos tercos e insistimos en vernos a nosotros mismos desde la cumbre chaparra de una lomita, como las de Washington y Ottawa.

Claro que la actitud de Trudeau y Biden tiene qué ver mucho con sus propias posiciones un poco complicadas dentro de sus países. Pero eso no nos incumbe. Además, López tampoco está en un lecho de rosas.