Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

En su road show por el país, el senador Ricardo Monreal, coordinador de Morena en el Senado de la República, organiza su pesimismo desde Monterrey: “si no hay apertura hay ruptura, si hay imposición hay división”. El político sube la apuesta para mantenerse en el juego, aunque la ventaja del canciller Marcelo Ebrard y la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, es inalcanzable. La candidatura de Morena se decidirá entre dos.

En un encuentro con estudiantes de la Universidad de Monterrey y de la Universidad Autónoma de Nuevo León, Ricardo aseguró que su partido, Morena, se encuentra muy dividido y sólo sobrevive porque depende del presidente Andrés Manuel López Obrador, ya que se cuelga de “la presilla del pantalón del presidente para no caerse, porque le falta vida propia y autonomía… el presidente arrastra al partido”.

Las elecciones pasadas, donde le fue “requetebién” a Morena, parece que no hicieron mella en el ánimo de Monreal. Y, organizando su pesimismo, rebasa por la derecha a Marko Cortés, el dirigente nacional panista, quien anticipó la derrota de su partido en las elecciones de 2022: “No hay más, está muy complicado Durango, Tamaulipas, Quintana Roo, Hidalgo y Oaxaca (…) la única que tenemos realmente posibilidades, y muy buenas, y contundentes de ganar, es Aguascalientes. Y ahí tenemos la responsabilidad de hacerlo bien”.

¿A quién creerle? ¿A Marko o a Ricardo?

Para mantenerse en el juego, Monreal se encomienda a Mani (o “echa mano” de Manes) y sobreviene el maniqueísmo: si no hay apertura, hay ruptura. No a las encuestas, sí a la elección interna abierta… Ricardo no está en condiciones de competir, por eso su desasosiego político y su necesaria visibilidad futurista: “Estoy decidido, si la gente me respalda apareceré en las boletas electorales… hoy Morena tiene una gran posibilidad de abrir sus procedimientos de selección de candidatos y de que gane quien deba hacerlo y quien la gente quiera. Si las reglas de la elección interna se abren, ahí me quedaré, pero si no se abren, vamos a ver”.

¿Vamos a ver qué?

Monreal no explica su declaración desde un estado naranja, como Nuevo León, donde Movimiento Ciudadano ganó la reciente elección a la gubernatura con Samuel Alejandro García Sepúlveda. Ya lo dijo Andrés Manuel, no le preocupa que se descontrolen las corcholatas. Más aún: “No, eso ya no, no me preocupa porque los que están en el gabinete, los que están en funciones, están cumpliendo con su responsabilidad y también lo más importante de todo es que hay relevo generacional”.

Relevo generacional, el punto exacto del pesimismo de Ricardo Monreal, quien cuenta con 61 años, llegaría a la presidencia con 64 años, casi los mismos con los que llegó López Obrador, quien cuenta ahora con 68 años. Ebrard, por su parte, cuenta con 62 años y Claudia Sheinbaum, 59 nueve años, casi una década menos que Andrés Manuel. El relevo generacional no sólo se trata de los años en la política sino cómo se ha hecho política durante esos años.

Al verse tempranamente perdido, Ricardo Monreal traza su hoja de ruta, la subyacente ruptura.