Por José Francisco Villarreal

Un ex maestro y amigo, tenía debilidad por la historia del Imperio Bizantino. Tal vez porque su madre se llamaba Irene y, bueno, la verdad no era muy feliz la referencia. Santa Irene de Atenas se coló inexplicablemente al santoral. La emperatriz que subió al trono como Emperador de Bizancio, la restauradora del culto a las imágenes (iconodulia), fue famosa por su belleza, pero hasta ahí lo positivo. Entre las ocurrencias de la señora, mandó cegar a uno de sus cuñados y cortar la lengua a los otros cuatro. A su propio hijo, Constantino, lo hizo llevar a la sala donde lo había parido y ahí ordenó que le arrancaran los ojos. Se oye horrendo. Lo es. Pero es pura practicidad política, porque no se permitía reinar a personas con esos defectos físicos. Doña Irene, tan bella como un iceberg, se aseguró de no tener competencia. En México también se usa este truco, sólo que aquí Derechos Humanos pondría en cielo si deslenguan o ciegan a un político, así que se le endilgan no defectos físicos sino morales.

Historias como esas me gancharon también con Bizancio (Constantinopla, Estambul). Casi me convierto a la Iglesia Ortodoxa, desde cuya perspectiva el catolicismo romano es cismático. Pero tiene tantas variantes que me arrepentí. Y cada rama es autónoma. Si acaso le dan al patriarca de Constantinopla (ciudad ya mítica, por cierto) la dignidad honoraria de “Protos Metaxí Ipson” (perdón por la transliteración tan ranchera), el primado entre todos, pero no le hacen demasiado caso. Algo así como un presidente de cámara en el Congreso de la Unión, o en cualquiera estatal.

Una de las leyendas más ciertas del Imperio Bizantino fue aquella manía que tuvieron sus ciudadanos por sentirse teólogos. Desde el más encumbrado funcionario hasta el más humilde artesano, a todos les daba por discutir los detalles fundacionales del cristianismo. Que si la naturaleza divina y/o humana de Jesús; que si Dios es trino, doble o uno; que si las plumas de la paloma del Espíritu Santo, y así… Los bizantinos, a pesar de la amenaza de castigos durísimos, seguían con sus inútiles discusiones que ya entonces anticipaban lo que ahora pasa en las redes sociales. Cuenta la leyenda que mientras los turcos sitiaban Constantinopla, los teólogos bizantinos, y supongo que la gente común también, discutían acerca de si los ángeles tenía o no sexo. Seguro que el joven sultán otomano Mehmed II estaba harto de tanto rollo, así que tomó la ciudad y el imperio, y por fin acabó aquellas discusiones bizantinas. De paso, como no queriendo, se consiguió un terrenito para instalar la sede de su imperio islámico en las mismísimas puertas de Europa cristiana.

Por fortuna México no es constantinopolitano. Ni siquiera es imperial, excepto una vez con don Agustín (Max no cuenta, fue espurio). Aquí no suceden esas cosas. Y si pasan, son mucho más refinadas. Nuestros políticos sí descuentan a sus posibles competidores, pero no tienen ni la belleza ni la ferocidad de Santa Irene. Eso sí, nuestros “senatuspopulosque” sí son un pelito bizantinos, porque les encanta la chorcha y la sabihondez.

Ahí está el botón de muestra con la mentada encuesta de presidenciables del diario El Norte. Por esa publicación, es fecha que todavía persevera el bizantinismo en columnas, diario, y redes sociales. Todo fue que pusieran al alcalde de Monterrey, Luis Donaldo Colosio en esa encuesta, para que soltaran las tarabillas. Yo no sé si el funcionario pretende o no buscar la presidencia de México. Eso es cosa suya, y él sabrá medir tiempos y consecuencias. Pero en tanto, se desató Bizancio con todo tipo de especulaciones.

Mientras leguleyos y merolicos debaten en redes y columnas sobre don Luis, a pocos se les ocurre profundizar un poco en la presunta “apertura” de Acción Nacional para dialogar con la 4T. No creo que sea casual que suceda luego de la asistencia de panistas a la celebración del primer trienio de don Andrés, y de las poco aparatosas pero sistemáticas protestas y señalamientos de panistas contra su dirigente nacional y otros caciques locales. Ahí está, por ejemplo, el protagonismo de don Marko en la coalición/colusión opositora: es como el Protos Metaxí Ipson de Constantinopla. Ahora más peor con su partido rémora, cuando parece que lo “rojo” del PRD no era de izquierda sino de vergüenza (el amarillo debe ser hepático).

No sé en qué términos dialogarán los panistas con los cuatrotés. Espero que don Marko no dialogue demasiado, porque su oratoria es tan “peculiar” como la de Gilberto Lozano. Es líder nacional de la oposición más fuerte en este régimen. Pero ha puesto en evidencia que no está a la altura de la dignidad de ese partido. Y es muy curioso que el PAN se reivindique como partido serio y, al conceder el diálogo, sea su “peor” enemigo moreno quien lo reivindique. Lo que indicaría que el “peor” enemigo del PAN no está fuera sino dentro del propio partido.

A mí en vedad me da gusto que el PAN se fortalezca replanteándose, no descalificando groseramente a otros partidos. El partido opositor más fuerte también arrastra una cauda jurásica de descrédito generado desde adentro con “fachos” hispánicos, payasadas, mojigangas, hociconeadas, mentiras. Sus esquiroles han convertido las tribunas legislativas en escenario de “staduperos”. Insisto: un PAN, un PRI, un PRD, o cualquier otro partido, fortalecidos con dignidad, siempre serán necesarios para la democracia mexicana… Urgentes, diría yo.

Pero la raza mexicano-bizantina sigue distraída, orgullosa de su estolidez, discutiendo hipótesis presidenciables e ignorando evidencias partidistas. Algo sucede afuera de las murallas de Constantinopla. ¿Y nosotros? Bien, gracias. Aquí nomás, gastando saliva y bebiendo babas bizantinas.